Opinión

Pereza intelectual en la política

Por: Martín Valdivia Rodríguez

Hace unos días, un congresista —en una controversia con uno de sus colegas— sustentó su punto de vista sobre un asunto de índole económico, aduciendo que él tenía razón porque su posición era la misma que la de Julio Velarde. El parlamentario con el que estaba debatiendo lo acusó de haber caído en lo que se denomina sesgo de autoridad, que es la tendencia a sobreestimar las opiniones de determinadas personas por el mero hecho de ser quienes son y sin someterlas a un análisis y juicio previo. Ese es uno de los grandes errores de los políticos de estos tiempos, el desconocimiento motivado por la falta de interés en prepararse a conciencia y, a la vez, dejarse llevar por lo que dicen otros.

Por lo general se piensa que la política solo es la concepción de una idea y la defensa que se asume de ella con un sentimiento que fluctúa en el convencimiento y la pasión. Y que esa posición siempre tiene que estar circunscrita a lo que entendemos por derecha e izquierda en materia política. Por esa razón es que cuando cierto político de derecha o de izquierda plantea algo, inmediatamente salta como un resorte el de la orilla ideológica opuesta para no solo contradecirlo y rebatirlo, sino también demolerlo. Y en ese plan, nuestros políticos pierden tiempo en peleítas absurdas en vez de intentar lograr el consenso en propuestas beneficiosas para el país.

En realidad, política es un conjunto de decisiones y medidas tomadas por determinados grupos que detentan el poder con la finalidad de organizar una sociedad o grupo. Por lo tanto, política no solo es la idea, sino, principalmente, la acción.

Es obvio que para defender una idea se necesitan ciertas tácticas o estrategias, estilos o mecanismos, pero lo primordial es conocer lo que se piensa para sustentar su aplicación. Y no basta leer “La riqueza de las naciones”, “Capitalismo y libertad”, “El capital” o “El manifiesto comunista” para sustentar una posición sobre un asunto particular, como parece ocurrir con muchos políticos.

Si un político quiere verdaderamente servir al país, precisa de despercudirse del dogmatismo, que no es sino la defensa de una idea o posición como verdad absoluta, innegable e irrefutable. Precisamente, el dogmatismo y la dejadez intelectual están llevando a las nuevas generaciones de políticos a no asumir con responsabilidad esta actividad, que es importantísima para el desarrollo de un país y el bienestar de su población. Hay que instruirse, documentarse, leer e investigar más. No bastan la idea ajena o la inteligencia artificial. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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