Opinión

¡Paren la ola de crímenes!

Por: Martín Valdivia Rodríguez

El ruido político, justificado o no, causa una incertidumbre que no solo afecta a la economía del país, sino también a otros sectores, uno de los cuales es el del Interior. El primer Gabinete, que presidió Guido Bellido, tuvo a un ministro del Interior, Juan Carrasco, que asumió el cargo sin haber renunciado a su condición de fiscal y, además, era objeto de serios cuestionamientos. El nuevo ministro, Luis Barranzuela, por su nada halagüeña foja de servicios, se ha convertido en el nuevo Iber Maraví de la oposición y posiblemente tenga el mismo destino. Mientras se producen estos vaivenes en la política, la ola de crímenes sigue imparable.

A Lima han vuelto con fuerza los robos al paso o mediante la modalidad del “raqueteo”, asaltos a bancos y agencias, asesinatos a manos de sicarios y otros crímenes que se producen no solo en los distritos populosos, sino también en zonas residenciales. Hubo cambios en los altos mandos la Policía Nacional, pero aún no se nota la mano de las nuevas autoridades, tal vez porque la cabeza, que es el ministro del Interior, desde que empezó el Gobierno de Pedro Castillo, no realiza un trabajo en condiciones de estabilidad política; es decir, sin piedras en el camino, merecidas o no.

El asunto es más grave aún en el interior del país. En La Libertad, solo el último fin de semana ocurrieron siete asesinatos, con los que en lo que va del año ya suman 157 en esa región del norte del país. En Chimbote, Huancayo, Arequipa, Puno y otros departamentos también se está dando una ola delincuencial imparable.

Los índices del crimen llegaron a niveles prepandemia y posiblemente estén superando las cifras de esos tiempos, pues todos los días la prensa da cuenta de actos criminales, como asaltos, robos, asesinatos, secuestros y violaciones. Hay muchas bandas integradas y jefaturadas por delincuentes extranjeros, especialmente venezolanos, pero hasta el momento no se tiene conocimiento de los resultados de un trabajo de inteligencia policial que frene esta ola delictiva.

Mientras esto ocurre en las calles, el ministro del Interior, el anterior y el actual, no han podido salir de las arenas movedizas de la política para realizar su trabajo a pie firme, en condiciones que le permitan demostrar para qué fueron nombrados en ese importante cargo. Hablando en términos deportivos, la pelota aún está en la cancha del presidente Castillo. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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