Opinión

La amenaza no ha pasado: el pensamiento Gonzalo sigue acechando en las instituciones

Por: Max Anhuamán

Hemos vivido una etapa electoral intensa y polarizada en el Perú. Tras décadas de sacrificios, operaciones exitosas como la captura de Abimael Guzmán y la derrota estratégica de Sendero Luminoso en los años 90, el país parecía haber avanzado hacia la consolidación democrática. Sin embargo, los resultados de las elecciones generales 2026 y el panorama del nuevo Congreso bicameral nos devuelven a una realidad cruda: la amenaza terrorista no ha desaparecido. Se ha mutado, ha entrado por la puerta de la democracia para intentar desmantelarla desde dentro. Juntos por el Perú (JP), bajo el liderazgo de Roberto Sánchez, ha logrado una bancada significativa con senadores y diputados que mantienen vínculos documentados o ideológicos con el Movadef, brazo político de Sendero Luminoso. 

Figuras como César Tito Rojas, fundador del Movadef en Puno; Íber Maraví, con antecedentes señalados en atestados policiales; y otros como Serafín Andrés Luján o Humberto Morales Ramírez, forman parte de esta estructura. Estos no son “terruqueos” aislados: son registros, fundaciones y trayectorias que la DIRCOTE y la inteligencia nacional hemos seguido durante años. El pensamiento Gonzalo —esa ideología maoísta radical, dogmática y violenta que elevó a Guzmán a “cuarta espada del marxismo” y justificó la “cuota de sangre”, las masacres y la guerra popular— no es un fantasma del pasado. Sus adherentes buscan hoy amnistías, asambleas constituyentes para “refundar” el país y la liberación de “presos políticos” (léase: terroristas condenados). 

Pactos con Fenatep (heredera del Conare-Sutep vinculado) y alianzas con sectores etnocaceristas radicales no son casuales. Representan la continuidad de una estrategia de infiltración que Sendero siempre persiguió: pasar de las armas a las instituciones para imponer el socialismo del siglo XXI. De esta manera, se pretendía demostrar que “todo lo que se dice es falso”, que las alertas de inteligencia eran exageraciones y que el terrorismo había sido derrotado definitivamente. ¿Lo harán? ¿Deslindarán públicamente, sin ambigüedades, del Pensamiento Gonzalo, de la violencia senderista y de cualquier apología al terrorismo? La historia nos enseña a ser escépticos. Los deslindes tibios o las negaciones genéricas no bastan cuando los hechos —padrones de adherentes, visitas a presos, discursos de “héroes caídos” y propuestas de impunidad— hablan por sí solos. El Perú ha pagado con decenas de miles de vidas la utopía sangrienta de Sendero. 

Familias humildes de Ayacucho, Huancavelica, Puno y otras regiones aún cargan el dolor. Como hijo de Moche-Trujillo, que prometió a su padre ser un policía diferente, y como servidor que dedicó su vida a la patria, no puedo callar. La inteligencia predictiva y la mano firme con legalidad siguen siendo la mejor defensa. No se trata de revanchismo, sino de memoria histórica y vigilancia democrática. A los electos de JP les corresponde una acción concreta: deslindar sin equívocos del pensamiento Gonzalo y de cualquier resabio terrorista. Al Congreso y al próximo gobierno, sea quien sea, les exigimos priorizar la seguridad ciudadana, reformar la PNP con énfasis en inteligencia y no ceder ante pactos que debiliten el Estado de derecho. La amenaza no ha pasado. El Perú que merecemos —próspero, seguro y libre— solo se construye defendiendo la democracia de quienes, disfrazados de cambio, buscan regresarnos a la oscuridad. No bajemos la guardia. La patria lo demanda. ¡Viva el Perú! 

(*) Exjefe de la DIRCOTE y exdirector de Inteligencia Nacional (DINI). 

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