
Para nadie es secreto el crecimiento exponencial de la delincuencia en nuestro país, no solo la criminalidad organizada, además de la delincuencia común, sino que a la nacional se suma la venida del extranjero, sobre todo de Venezuela, al haberse abierto nuestras fronteras en forma indiscriminada, sin exigencia ni siquiera de antecedentes, en lo que irresponsablemente incurrieron algunos gobiernos de los que se sucedieron en el último decenio.
Las extorsiones van en aumento al igual que el sicariato, aunque principalmente poniendo en peligro la vida y la integridad de los choferes del transporte público, al igual que la de sus pasajeros y, sin olvidar, a pequeños negocios de abarrotes, pulperías, bodegas de todo tamaño y otros negocios abiertos al público, sin olvidar peluquerías y hasta nidos y colegios.
Cualquier medio de expresión, sea visual, oral, digital o simplemente escrito, tiene como contenido principal información sobre perpetración de delitos y hechos de sangre. Al revisar en los últimos días cualquier periódico, nos encontraremos con páginas y páginas de información sobre hechos delictivos. Efectivamente, en un solo diario y en un solo día, encontramos, por ejemplo, los siguientes titulares:
“Comunista del Movadef agrede periodista”, “Matan a cuatro personas en quinta de Barrios Altos”, “Sicario balea bus de Empresa Roma lleno de pasajeros”, “Asesinan a tiros a joven de 19 años frente a su vivienda de Ventanilla”, “Los aliados de San Juan de Lurigancho caen con armas, drogas y explosivos”, “Motociclista fallece tras chocar con tráiler en vía de evitamiento”, “Emboscada deja seis muertos, entre ellos una madre gestante”, “Exmarino detenido por asalto”, “Jovencita confiesa participación en atentado con explosivos”, “Torturan y desfiguran a madre de familia en vivienda de Manchay”… y no seguimos para no cansar al apreciado lector, aunque no hemos tratado sobre el enorme número de accidentes de tránsito y atropellos, con luctuosos saldos.
Sin embargo, la cosa no queda allí, pues cuando nuestros policías cumplen con su obligación constitucional de mantener el orden público o recuperarlo de ser afectado, sufren la persecución del Estado a través del Ministerio Público y el Poder Judicial, que les hacen la vida a cuadritos con denuncias sobre exceso de violencia, cuando lo que hacen es defenderse.
Felizmente, gracias al actual presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, se han sancionado leyes para paliar dicha dificilísima e injusta situación. Hemos visto incluso cómo un personaje que ha llegado a la presidencia del Congreso y a la presidencia de la República, por artes de dudosa factura, ha protegido a delincuentes prontuariados que violentaron a las fuerzas del orden, pero al ser ultimados por sus propios cómplices, los calificó, tal desubicado personaje, de héroes de la patria. Fácil es advertir que nos referimos al presidente del pañuelito, que igualó a Inti y Bryan a nuestros héroes como Miguel Grau, Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte. ¡Qué vergüenza!
Ante esto, requerimos urgentemente que el nuevo gobierno —pues este está de salida y le queda menos de un mes— ponga orden con firmeza, dote a la Policía del armamento y logística adecuada, así como de los adelantos digitales e informáticos requeridos para la inteligencia policial y la investigación del delito. Ello es impostergable y urgente.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros
