Opinión

Complicado camino del error estadístico

Por: Martín Valdivia Rodríguez

El deficiente manejo de la estadística en el aparato estatal, pese a las ventajas que da hoy la tecnología, es uno de los grandes problemas que la pandemia nos hizo descubrir y padecer. En la lucha contra el COVID es importante el conteo de los contagiados, fallecidos, hospitalizados y recuperados. Sin embargo, las cifras registradas por las autoridades peruanas siempre han sido dudosas.

Esos números estaban aún más lejos de la verdad en los tiempos de Vizcarra y Sagasti. En mayo pasado, con ayuda de especialistas particulares, el Ministerio de Salud logró “sincerar” las cifras de muertos por COVID y de un día para otro pasamos de tener 70,000 a 180,000, lo que nos permitió saber que éramos el país con la mayor tasa de mortalidad per cápita del mundo.

Es cierto que el registro de cifras relacionadas con una pandemia es complicado. Uno de los mayores problemas es el subregistro, que incluye -por ejemplo- a las personas que fallecen en sus casas y cuya causa de muerte no aparece en las listas oficiales. Ese problema lo tuvieron casi todos los países, especialmente durante los meses en que la cantidad de pacientes rebasó la capacidad de los hospitales y muchas personas fallecieron en sus casas.

Sin embargo, en el Perú fallamos por causas mucho más sencillas. Los congresistas Adriana Tudela y Alejandro Cavero aclaran que ya se vacunaron en el extranjero. Ella precisa, incluso, que el 6 de junio reportó que estaba inmunizada y ya no necesitaba vacuna. Sin embargo, sus nombres siguen apareciendo en la página de consultas “Pongo el hombro” con fecha de vacunación. Actualizar los datos considerando a las personas que se vacunaron fuera del país, que no son millones, no debe ser muy sencillo, pero tampoco tan complicado, pues hoy tenemos a la mano las herramientas tecnológicas apropiadas.

Errores como estos se cometen en diversos organismos del Estado, como ministerios, municipalidades, etc. Hasta en el INEI, que es la institución que debería estar más actualizada en el manejo y difusión de la estadística, pero de una manera didáctica y empática, para contribuir con otros sectores, incluso con los estudiantes. Hay una evidente tendencia a usar los mecanismos más complejos y a hacer la presentación narrativa o gráfica más pomposa y difícil de entender, cuando a veces la cosa es tan simple como sumar A más B. Menos sofisticación y mayor claridad le haría mucho bien al país. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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