Opinión

Una cachetada a la pobreza

Por: Martín Valdivia Rodríguez

El 5 de mayo del año 2000 fue grabado el video Kouri-Montesinos, donde aparece Vladimiro Montesinos entregándole US$ 15,000 al entonces congresista Alberto Kouri. La difusión de esas imágenes fue el inicio del fin del régimen de Alberto Fujimori. Veintiún años después, la Fiscalía descubrió que Bruno Pacheco, el exsecretario del presidente Pedro Castillo, escondía US$ 20,000 en el baño de su despacho en Palacio de Gobierno. Salvando las distancias, son hechos muy parecidos, pues en los dos tiene que ver el dinero. Y en dólares.

Lo de Pacheco, quien se resistía a renunciar y al final tuvo que hacerlo por la presión de los medios, puede no ser un delito, pero es un claro indicio de sospecha, de que en el propio centro del poder hay algo que huele mal. En las redes sociales ironizan que el secretario del presidente quiso “lavar” dinero en el baño de Palacio. Es que tener escondidos US$ 20,000 dólares en los servicios higiénicos no es nada común y la Fiscalía tiene que investigar a fondo, pues el hallazgo podría ser el hilo de la madeja que conduzca a algo más grande.

Bruno Pacheco dice que el dinero es parte de sus ahorros y su sueldo. Hasta donde sabemos, ganaba S/ 25,000 mensuales. Al cambio, US$ 20,000 dólares son alrededor de S/ 80,200, un poco más de tres meses de suelo del exsecretario de Palacio de Gobierno.

El actual Gobierno se ufana de buscar que no haya más pobres en un país rico, hace alarde de austeridad y de llevar adelante una política para favorecer, principalmente, a las grandes mayorías y aquellos que están en el rubro de la pobreza y extrema pobreza, con hijos padeciendo de hambre y desnutrición. Pero, valgan verdades, el sueldo que ganaba Bruno Pacheco, S/ 25,000 mensuales, comparado con los S/ 1,000 al mes en que se fijará el sueldo mínimo desde diciembre, es en realidad un dineral y contrasta mucho con los mensajes del Gobierno.

Además, eso de dejar miles de dólares en el baño como si fueran “puchos” o un “sencillo” es, en realidad, una cachetada a la pobreza, un insulto para quienes ganan una miseria por hacer un trabajo que merece un sueldo por lo menos digno. Por eso, el Ministerio Público y la Policía Anticorrupción deben investigar este caso con estricta y absoluta imparcialidad. Un escándalo de estos niveles no se puede pasar por agua tibia. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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