
La esquizofrenia es una anormalidad según la cual el enfermo vive simultáneamente en dos mundos irreconciliables: el real y el que alucina su imaginación. Pedro Castillo debe padecer esa patología, porque pretende gobernar el Perú concreto de 33 millones de personas que necesitan desarrollarse en paz y normalidad; pero al mismo tiempo predica medidas de afán revolucionario que le hacen daño a todos.
En el extranjero ofrece estabilidad jurídica a las empresas privadas, paz social, concordia y unidad nacional para sacar a la nación adelante; pero acto seguido nombra Gabinetes impresentables, con sujetos vinculados al terrorismo, amenaza con estatizaciones y se atreve a mencionar la disolución del Congreso so pretexto de que es “facultad del pueblo”.
Subraya que no es comunista ni chavista, pero orienta la política exterior al reconocimiento ilegal de la tiranía de Venezuela; y permite la intromisión en asuntos internos de Evo Morales, a quien inclusive le permite abrir una filial de su partido Movimiento al Socialismo en el Cusco, desde el cual pregona la escisión de nuestro territorio patrio en un proyecto de traición inaceptable.
En medio de su verborrea circunstancial y sus silencios prolongados está destrozando a la PNP, va sembrando oficiales ‘comunistoides’ en las FF.AA., viene desarmando los servicios de inteligencia, está interrumpiendo la lucha contra el narcotráfico, alienta la lucha facciosa en el seno del magisterio y mueve los hilos conducentes a una ilegal Constituyente para avanzar hacia un modelo “plurinacional” dentro de una “patria grande” desde la perspectiva socialista del siglo XXI.
Su estrategia con el primer Gabinete Bellido fue tan disruptiva que provocó una reacción unánime de la sociedad y la prensa honestamente preocupada ante las amenazas proferidas por un bellaco impresentable (no por su choledad, porque cholos somos todos, sino por su ruindad humana). Con el segundo Gabinete, encabezado por Mirtha Vásquez, el profesor intenta con formas más suaves hacer más de lo mismo: conseguir la incauta aprobación parlamentaria para seguir demoliendo al Perú.
Las propuestas de Vásquez ante el Congreso son, efectivamente, una repetición del manual para atentar contra la estabilidad del país, solo que está escrito con tono de caviar y no con la beligerancia senderista. El problema, entonces, no es la aparente pugna interna de Perú Libre y tampoco la prevalencia de Vladimir Cerrón.
El problema es la inmoralidad de Pedro Castillo y contra él la oposición democrática debe actuar. Tienen que sacarlo para romper la estrategia internacional de apoderarse del Perú y someterlo a la órbita comunista.
Solo la vacancia presidencial puede poner fin a la crisis económica artificial, al tipo de cambio irreal, a la inflación que se está desbocando y al copamiento del estado por los corruptos dinámicos del centro ahora tácticamente aliados con parte del caviaraje.
El tratamiento a los esquizofrénicos requiere ser radical; no se les puede permitir cargos que pongan en riesgo a terceros. En el caso de Castillo dejémonos de circunloquios y apliquemos medidas de shock. ¡Vacancia ya!
Mientras más pasen los días el daño será irreversible; ya no se trata de darle el beneplácito a un Gabinete falsario, sino de recuperar la sana conducción democrática de la patria. Congresistas, respondan de una vez por todas al interés del pueblo peruano.
(*) Analista político
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