Opinión

¿Paridad de género o meritocracia?

Por: Martín Valdivia Rodríguez

Los principales sistemas de gobierno, que fueron objeto de estudio desde la Grecia antigua para Platón y Aristóteles, se clasifican en monarquía (gobierno de uno), aristocracia (de las clases privilegiadas) y democracia (del pueblo). En el Perú, como en la mayoría de los países del mundo, rige la democracia, que ha ido evolucionando, perfeccionándose y adaptándose a realidades, momentos en la historia y culturas diversas. Una de las más importantes innovaciones y progresos de la democracia es la participación de las mujeres en la actividad política.

En el Perú, el sufragio femenino se consiguió el 7 de septiembre de 1955 durante el gobierno de Manuel A. Odría, quien promulgó la ley que permitía a las mujeres mayores de edad y alfabetizadas tener el derecho a elegir y ser elegidas. Hubo mucho debate y algunas modificaciones en la legislación desde ese año hasta el 2020, cuando se aprobó una ley que modifica las normas de la legislación electoral para garantizar la paridad y la alternancia de género en las listas de candidaturas. En otras palabras, para darles más oportunidades a las mujeres.

Ya antes, para incrementar la representación de la mujer en el Congreso de la República se aplicó una cuota de género, primero del 25 % en 1997; y en el 2000, del 30 %, que posteriormente se extendió a cargos de nivel subnacional (2002) y del Parlamento Andino (2004).

Es cierto que, a lo largo de la historia, no solo en el Perú, sino en todo el mundo, ha predominado la participación masculina en la actividad política, es decir, en las responsabilidades de gobierno y, por lo tanto, en la toma de decisiones. Es cierto, también, que el machismo, pese a la intensa lucha por revertirlo, aún persiste y, por lo tanto, es necesario seguir combatiendo la discriminación y postergación de la mujer no solo en la actividad política, sino en todos los ámbitos. No obstante, la brega está dando sus frutos, pues ya hay más mujeres congresistas, abogadas o ingenieras, gerentas o directoras. Y eso es saludable para la democracia.

En la actualidad tenemos 57 mujeres congresistas (35 % frente al 65 % de hombres, que son 73). Es un porcentaje considerable, teniendo en cuenta que nunca se había superado el 30 % de mujeres en ese poder del Estado.

Precisamente, hace unos días, el Congreso aprobó modificaciones significativas en la Ley de Organizaciones Políticas y la Ley General de Elecciones, incluyendo una reforma en la aplicación de la paridad horizontal al momento de elaborar las listas de candidatos. Mañana analizamos este tema, que se torna interesante. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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