Opinión

Justicia a dos velocidades (II)

Por: Martín Valdivia Rodríguez

El caso Odebrecht es un claro ejemplo de cómo las autoridades no miden con la misma vara a todos. En mayo del 2016, el entonces congresista Juan Pari cerró el histórico primer informe del caso Lava Jato, que siguió el rastro del dinero en las megaobras que ganó la constructora Odebrecht en base a coimas. El documento tenía 650 páginas y Pari tuvo que firmarlo en solitario, pues los demás miembros de la comisión se hicieron los locos.

¿Quiénes eran los demás integrantes de esa comisión? Eran congresistas de partidos políticos que tenían a sus propios líderes comprometidos con los sobornos millonarios de Odebrecht: los expresidentes Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016), así como la excandidata Keiko Fujimori, que —ahora se sabe— había financiado su campaña electoral con dinero de Odebrecht. Juan Pari había renunciado al partido de Humala y pertenecía a la bancada Dignidad y Democracia.

En el Perú, el caso Odebrecht a estas alturas estaría sepultado en la tumba del olvido y la impunidad, de no ser porque en diciembre del 2016, en Estados Unidos, Marcelo Odebrecht confesó ante del Departamento de Estado pagos de millonarios sobornos en diferentes países de la región, entre ellos el Perú.

La clase política peruana —salvo pocas honrosas excepciones—, acostumbrada a las confabulaciones, componendas y encubrimientos, a la complicidad que se resume en la frase “otorongo no come otorongo”, ya no pudo tapar el sol con un dedo. Las autoridades norteamericanas habían destapado el pozo hediondo de la corrupción y la inmundicia que empezaba a salir a flote. Con razón Juan Pari afirmó que durante los últimos gobiernos muchos congresistas “blindaron” todas las concesiones fraudulentas que obtuvo la mafiosa constructora Odebrecht.

¿Qué hizo la Fiscalía por esos años? ¿Cómo procedió el Poder Judicial? ¿Por qué no se investigó de oficio y con celeridad? Esperemos que, de aquí en adelante, la agilidad y rapidez que se muestra ahora rija para todos por igual. Ojalá que lo aparatoso, sincronizado y orquestado que está todo no sea parte del plan “vacador” que denuncian los pocos que aún defienden a Pedro Castillo. Y que al final los corruptos terminen en la cárcel, caiga quien caiga. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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