
Conforme recordarán, el 7 de diciembre de 2022, quien en ese momento era presidente de la República, el profesor Pedro Castillo, perpetró un golpe de Estado que no le salió como él quería y nadie, o muy pocos, le hicieron caso, por lo que fue procesado, como también lo fue la presidenta de su Consejo de Ministros, Betssy Chávez Chino, como cómplice del delito, siendo ambos encontrados culpables y sentenciados con carcelería efectiva. Mientras Castillo se encuentra en el Penal de Barbadillo, Betssy Chávez escapó y se asiló en la embajada de México, cuando se suponía que estaba custodiada por algunos policías, cuya actuación dejó mucho que desear.
El Perú no otorgó en aquella oportunidad el salvoconducto requerido para que Betssy Chávez abandonase el país con destino a México, aduciendo que, a tenor del artículo III de la “Convención sobre Asilo Diplomático” suscrita en Caracas el 28 de marzo de 1954: “No es lícito conceder asilo a personas que al tiempo de solicitarlo se encuentren inculpadas o procesadas en forma ante tribunales ordinarios competentes y por delitos comunes, o estén condenadas por tales delitos y por dichos tribunales, sin haber cumplido las penas respectivas…”.
México sustentó el otorgamiento del asilo y su exigencia al Perú de que emita el respectivo salvoconducto para viajar a ese país en el artículo IV de la Convención sobre Asilo Diplomático, que reza: “Corresponde al país asilante la calificación de la naturaleza del delito o de los motivos de la persecución”. Como México y Perú no se pusieron de acuerdo, rompieron palitos, sus relaciones se congelaron más que enfriaron, y los que sufrieron fueron los ciudadanos de ambos países que se vieron perturbados en sus tratos familiares, comerciales, financieros, empresariales, turísticos y de diversas otras naturalezas, sea de carácter diplomático como también consular.
Siempre nos habíamos preguntado si una negativa de entrega de salvoconducto a Betssy Chávez valía que México y Perú estuviesen distanciados e incordiados. Francamente, no lo creo y estimo que ha hecho lo adecuado nuestra Cancillería al haberle recientemente conferido el salvoconducto a la golpista Chávez.
Recordemos que tanto México como Perú se encuentran en APEC, en ánimo de estrechar relaciones productivas con los países amigos del sudeste asiático. También ambos países, hermanados desde los imperios azteca e inca, hoy junto con Chile y Colombia forman parte de la Alianza del Pacífico, que les permite negociar en conjunto con otros países y asimismo en forma muy favorable entre ellos mismos.
No olvidemos tampoco que México tiene importantísimas inversiones en el Perú, como por ejemplo en minería la Southern Perú Copper Corporation, del Grupo México; en telefonía, la operadora más significativa de la región, que es Claro; en distribución de gas, Zeta Gas Andino; y muchas otras actividades empresariales de gran nivel.
El Perú, con acierto, optó por lo práctico y por restablecer una amistad ancestral, aunque de vez en cuando salga algún presidente o presidenta desubicado que se exprese inadecuadamente. No olvidemos que tampoco todos los nuestros han sido unos angelitos.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros
