
La asunción a la primera magistratura de la señora Keiko Fujimori marca el inicio de una nueva época de esperanzas para el país, rompiendo con la secuela de presidentes “progres” o “caviares” que le hicieron más daño al Perú (en materia económica y social) que en la etapa del terrorismo. Pero también culmina una brutal etapa de narrativas perversas, persecuciones judiciales y políticas y de zancadillas, que duraron más de 20 años para evitar que el fujimorismo vuelva al poder.
Las “ilusiones” carcelarias de los enemigos políticos de Keiko Fujimori se desvanecieron paulatinamente cuando su figura irrumpió en la última etapa de las elecciones, ganando debates, asumiendo posturas serenas, ciñéndose la banda, dando un discurso corto pero viable y entrando triunfalmente a Palacio de Gobierno. Eso debió doler.
La presidenta nombra un gabinete ministerial presidido por el experimentado político Luis Galarreta, que no solo ha recibido elogios por lo acertado de algunas designaciones, sino también por las controversias que genera el nombramiento de Rafael Belaunde, Luis Dyer y Alberto Beingolea, distantes de la corriente ideológica del gobierno o, en el caso de Dyer y Beingolea, que no estarían preparados para el cargo, el primero, y su abierto antifujimorismo, el segundo.
Así las cosas, algunas iras contenidas dentro y fuera del gobierno serán una “olla de presión” en los próximos meses si los susodichos no demuestran que todos tenemos la misma mirada hacia el futuro.
Por cualquier motivo que la presidenta haya hecho tales nombramientos, no nos queda más que confiar en que existiría una estrategia política para tal fin; pero también estamos seguros de que la señora tiene conciencia de que una falla o desviación que afecte las líneas estratégicas del gobierno por causas de las posturas ideológicas o por abierta incapacidad tendrá un alto costo político que pagar con las consecuencias del debilitamiento de la democracia. Estaremos atentos.
Por otro lado, nada podíamos esperar de los congresistas de izquierda con su conducta reprochable e insultante hacia nuestros invitados internacionales, que fueron mudos testigos de una típica “rabieta” zurda, que más que “impactar” en el plano internacional (que era el objetivo) solo rondó en el ridículo local sin mayores efectos sociales de los que esperaban alcanzar.
Si bien la izquierda radical tiene un plan claro para bajarse a la mandataria, lo hemos dicho y nos reafirmamos en que estas algaradas no tendrán ningún efecto “esperado” por ellos, debido a que ya no cuentan con el apoyo popular.
Lo único que les queda es el “exo-esqueleto” de las organizaciones terroristas en clandestinidad, para tratar de generar “muertos” y endosarlos al nuevo gobierno para que, desde allí, se vuelvan a “construir” narrativas y se aliente el odio a la derecha y hoy a su presidenta. Esa es “la jugada”, pero no les resultará porque el “Pueblo” del que tanto se jactan, como hemos podido ver en estas fiestas patrias, no los toma en cuenta y no los sigue.
Deseamos a la nueva administración que sea la sabiduría la que guíe el camino de un país desangrado por el terrorismo y la criminalidad, destrozado por la corrupción y el abandono, y que necesita esperanzas para salir del hoyo en el que nos metieron terroristas, criminales, la izquierda y los caviares. Por eso, a tomar al toro por las astas para salir de la crisis. Éxitos.
(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein

