
Durante mucho tiempo hablar de salud mental fue considerado casi un tema privado, algo que cada persona debía resolver por su cuenta y que incluso generaba incomodidad cuando alguien reconocía que necesitaba ayuda. Sin embargo, esa mirada está cambiando y cada vez resulta más evidente que el bienestar emocional también forma parte de la calidad de vida y merece atención desde las políticas públicas.
Según una encuesta de Ipsos Perú, el 72 % de los peruanos considera que la salud mental es uno de los problemas de salud que más debería preocupar al país, una percepción que refleja una realidad que no puede ser ignorada y que plantea la necesidad de fortalecer la prevención y el acceso oportuno a servicios de atención iniciándose desde los colegios.
El problema no consiste únicamente en contar con especialistas o establecimientos de salud, porque muchas personas todavía enfrentan dificultades para reconocer que necesitan ayuda, encontrar orientación adecuada o acceder a una atención que les permita recibir apoyo antes de que una situación se convierta en un problema mayor.
La prevención debería ocupar un lugar mucho más importante dentro de las políticas de salud, especialmente en colegios, universidades, centros comunales y centros de trabajo, donde sería posible desarrollar programas de orientación, detección temprana y acompañamiento que permitan identificar situaciones que requieren atención especializada y personalizada.
También resulta fundamental fortalecer los servicios públicos de salud mental, ya que de poco sirve promover campañas de prevención si las personas que deciden buscar ayuda encuentran dificultades para conseguir una cita, recibir orientación o continuar un proceso de atención, por lo que ampliar la cobertura debe ir acompañado de una atención cercana y de calidad.
La familia cumple igualmente un papel importante, porque escuchar, acompañar y prestar atención a los cambios de comportamiento de una persona puede convertirse en una primera señal para buscar ayuda, aunque esto no significa que los familiares deban asumir funciones que corresponden a los profesionales, sino que puedan contribuir a que pedir apoyo deje de ser visto como una señal de debilidad.
Además, necesitamos cambiar la manera en que hablamos sobre estos temas, debido a que los prejuicios y las burlas todavía pueden hacer que muchas personas oculten lo que sienten por temor a ser juzgadas, mientras que una sociedad más empática puede facilitar que quienes atraviesan una dificultad busquen orientación sin sentirse señalados.
La salud mental no debería ser un tema del que nos acordemos únicamente cuando una situación se vuelve grave, porque prevenir, escuchar, tratarlo y facilitar el acceso a ayuda puede marcar una diferencia enorme en la vida de muchas personas, así que la pregunta ya no debería ser si debemos ocuparnos de ella, sino ¿quién se hace cargo de nuestra salud mental?
(*) Mg. CPC. Exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
