
El Perú se encuentra en un punto de quiebre institucional donde la democracia representativa corre el riesgo de convertirse en un cascarón vacío, un fenómeno denominado por los politólogos como “régimen híbrido” o “autoritarismo de coalición”. La inestabilidad política crónica —marcada por ocho presidentes en la última década— ha socavado la confianza pública, dejando al país expuesto a salidas autoritarias impulsadas por la anarquía violentista. La fragilidad del precario sistema democrático peruano no es superficial; responde a fallas estructurales que se han agudizado de forma acelerada. En los recientes comicios generales, más de 25 partidos políticos no lograron superar la valla electoral del 2%. La dispersión atomiza el voto y condena al próximo mandatario a gobernar con un apoyo mínimo, profundizando la ingobernabilidad.
Solo el 17% de los peruanos aprueba la calidad de su democracia. La insatisfacción generalizada con el Congreso y el Ejecutivo califica el desempeño institucional con una nota desaprobatoria de 07 sobre 20. El caos logístico en las mesas de sufragio de la primera vuelta provocó incidentes administrativos que motivaron la renuncia del jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electoral (ONPE). A esto se suma la presión de un sector político que amenaza con desconocer los resultados oficiales frente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
Sin embargo, lo oficial es que el cronograma electoral sigue su curso y la segunda vuelta se realizará el próximo 07 de junio; de cara a esta elección entre la precariedad del sistema democrático que defiende las libertades y garantiza la autonomía y consolidación institucional, para sostener el crecimiento económico del Perú y con ello el respeto al Estado de derecho, generando confianza de las inversiones privadas, creando empleo, con ello la disminución de la pobreza.
Por otro lado, el peligro de una propuesta totalitaria, calco de dictaduras que solo han traído la roptura del orden constitucional, persecución política, corrupción, pobreza, estatizacion y la acción compulsiva de perpetuarse en el poder. Estas son las dos alternativas por la que los peruanos tendremos que decidir y apostar por el fortalecimiento sólido del sistema democrático o decidimos ir rumbo al anarquismo de una patria pobre y sin libertades, violando los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos y condenando a la patria hacia un salto al vacío, sin ninguna posibilidad de desarrollo y justicia social.
(*) Exministro de Transporte y Comunicaciones
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