
¿Cómo podemos reformar el Perú, con tantos problemas de inseguridad ciudadana, informalidad galopante, divisiones regionales, improvisación en las políticas públicas, corrupción sistematizada y mafias por doquier?
Intentemos una hipótesis: Francis Fukuyama es un politólogo que utiliza la vertiente liberal clásica en su libro “La Construcción del Estado”, utilizando recursos importantes de Hayek, Bastiat, Misses, aportando una sólida alternativa para luchar no solo contra la corrupción imperante en los Estados, sino también para articular políticas públicas para el adelgazamiento de un Estado elefantiásico, fracasado, altamente corrupto, lobbista, parasitario y ocioso.
Además, para convertirlo o reformarlo en un ente eficiente, virtuoso y distribuidor democrático de riqueza entre los pueblos, es decir, un organismo servidor de la nación.
¿Será posible aplicar este sistema en una democracia como la peruana con altísimos grados de inconformidad y discrepancia ideológica?
Veamos algunos ejemplos doctrinarios: La Constitución norteamericana de 1787. Establece claramente la separación de poderes, las libertades individuales y los límites del gobierno sobre la vida de los pueblos. Tiene, a través de su historia de centurias, la implantación de un Gobierno limitado, que cumple funciones no solo en el mercado, sino que apuntala un gobierno eficaz. Un Estado ligero, transparente, que funcione con criterios de calidad y eficacia.
Argumenta Fukuyama, que, a menor Estado, será mejor fiscalizado, habrá menos impuestos antitécnicos y confiscatorios y, por consiguiente, habrá más riqueza y prosperidad para la gente y menos corrupción sistemática o premeditada.
¿Podrá darse esto en el Perú, donde apreciamos un notable adormecimiento cultural e intelectual en las masas y donde los partidos políticos son solo asociaciones de gentes desesperadas por alcanzar poder?
No puede haber reforma nacional, sin transformación integral del Estado en su conjunto. La reforma es total, no por partes. Incluye, cambio de conducta y educación desde la niñez.
La democracia: representativa, pero culturalmente liderada por los mejores, y los partidos políticos convocando a los profesionales más honestos para encumbrarlos en los mejores puestos. Gente integra y proba que aborrezca la corrupción enquistada en el aparato estatal peruano y pueda convertir al Perú en Estado Nación, país libre de pestilencia moral que afecte a la empobrecida clase media, a los más pobres y a la nación en general.
(*) Analista político
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