
Hace varios años los procesos electorales en el Perú han ido decayendo a niveles impensados. Las elecciones en primera vuelta programada para el 12 de abril han llegado al punto que casi nadie entiende: una verdadera sábana de votación con tantos candidatos, como si se tratara de hacer la cola para comprar el pan o el azúcar que escaseaba en la década de los ochenta.
Sólo para la presidencia de la República son más de 34 candidatos, algo verdaderamente insólito, que causa vergüenza si lo comparamos con otros países de la región.
La fragmentación política ha llegado a extremos nefastos en un país en que la institucionalidad política es tan precaria que, en vez de tener partidos o movimientos políticos, lo único que existe son kits electorales (salvo pocos partidos históricos contados con los dedos de una mano), y por ello es que la mayoría son “partidos” sin estructura orgánica, ni ideología, ni bases, ni planteamientos serios, ni vida política, mucho menos existe academias de política que formen verdaderos cuadros, en conclusión, es la prostitución de la política.
Hemos llegado al extremo de que la mayoría de la población no conoce a los candidatos, por allí alguna vez los escucho, y la tragedia convertida en comedia es: ¿ahora por qué candidato voto? ¿a quién elijo para que me represente? Por ello es que no sabíamos si reírnos o llorar cuando en el último debate de candidatos, gran parte de ellos se dedicaban a insultarse o sacarse lo trapitos sucios, en lugar de exponer sus propuestas de seguridad ciudadana, mejor redistribución de la riqueza, lucha contra la corrupción y crecimiento económico. Gran parte de responsabilidad la tuvo la administración del inefable y ahora condenado por corrupción Martín Vizcarra, que, con el afán de deshacerse de sus enemigos, banalizar la política y la institucionalidad, tuvo la perversidad de empujar reformas para la inscripción de “partidos” y bajar la valla a menos de 27 mil firmas. Entonces comenzaron los “amigos del barrio” sin trabajo y con el afán de lucrar a crear movimientos políticos par luego inscribirlos.
No puede ser posible que existan 34 candidatos a la presidencia, el 80% de ellos impresentables, incapaces o con prontuarios.
Por eso tenemos las peores estadísticas en la región: 9 presidentes de la República en los últimos 10 años. Nos hemos convertido en una republiqueta, casi en una república bananera. La otra parte de la responsabilidad es de otros gobiernos y administraciones, que nunca se preocuparon por solidificar la institucionalidad en el país, al contrario, no les interesó, y la institucionalidad se vino abajo, comenzando por los partidos políticos.
Esperemos el milagro, que, como felizmente ahora se ha recuperado la Cámara Alta en el Parlamento y habrá Senadores (Cámara reflexiva) salgan electos los mejores cuadros políticos, y que la nación sepa votar por los mejores candidatos, aunque no existan muchos.
(*) Exvicepresidente del Perú.

