Opinión

La minería ancestral como patrimonio cultural y motor de transformación rural en Perú

Por: Hans Behr Lescano

PARTE I

Mucho antes de ser considerada una industria o una simple fuente de transacciones comerciales, la minería en el antiguo Perú nació como una expresión de la cosmovisión andina, teniendo una parte mística, pero también artística, así como utilitaria. El poblador precolombino no veía al mineral como una riqueza acumulable, sino como un elemento sagrado de la Pachamama (Madre Tierra).

Evidencias arqueológicas sitúan los inicios de la metalurgia andina hace más de cuatro milenios, con hallazgos tempranos de oro nativo en Puno. Culturas como Chavín, Moche, Nazca y Sicán perfeccionaron técnicas sofisticadas como el repujado, laminado y la aleación de la tumbaga (cobre y oro).

El oro representaba las lágrimas del sol y la plata el fulgor de la luna, usándose casi exclusivamente para fines ceremoniales, políticos y religiosos que consolidaban la cohesión social. En el Imperio inca, se transformó la recolección artesanal en una administración sistemática de los recursos, pues introdujeron el uso de las wayras (hornos portátiles de arcilla que aprovechaban la fuerza del viento para fundir metales) y organizaron la extracción mediante turnos de trabajo regulados y seguros. El cobre, a diferencia de los metales preciosos, rompió la frontera ceremonial y se convirtió en la base tecnológica para producir herramientas agrícolas y armas, impulsando el desarrollo de la civilización andina.

Estas actividades no solo tuvieron una finalidad económica, sino que también estuvieron vinculadas con la organización social, la tecnología y la identidad de las comunidades. Por ello, hablar de minería implica reconocer que esta tiene una historia, en la que se construyen conocimientos que forman parte de la diversidad cultural del país, con lo que podemos tener una nueva mirada a las formas de desarrollo del sector.

Ya en la colonia y después en la república, la minería sufre un giro drástico, dictado por los cambios en los sistemas políticos y económicos. Es en esas épocas donde las percepciones sobre la minería cambian a ser fuente de saqueo colonial, pasando luego a ser instrumento de desarrollo republicano. Resultado de estos procesos, tomados solo como sectoriales, los efectos se centran en focos de conflicto socio ambiental, terminando esta actividad como generadora de recursos, pero también de conflictos.

Y es ahí, donde el Ministerio de Cultura tiene un papel importante en la protección y salvaguardia de aquellos conocimientos, prácticas y tecnologías tradicionales que puedan formar parte del patrimonio cultural.

La Ley N.° 28296 considera dentro del patrimonio cultural inmaterial los conocimientos tradicionales y colectivos, así como los conocimientos tecnológicos y otras expresiones culturales transmitidas por las comunidades. Además, el propio Ministerio de Cultura señala que entre las manifestaciones que pueden formar parte del patrimonio inmaterial se encuentran las prácticas y tecnologías productivas, los conocimientos y saberes de las comunidades. Dicha ley avala lo comentado.

(*) Antropólogo

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