Opinión

La ley que regula el uso de celulares en las escuelas: ¿una solución o un obstáculo?

Por: Tullio Bermeo Turchi

La reciente Ley 32385, que regula el uso de teléfonos celulares en las escuelas de educación básica, viene causando mucho debate. La idea es clara: reducir distracciones, mejorar el rendimiento escolar, evitar el ciberbullying y cuidar la salud mental de los estudiantes. Según la ley, los celulares solo se podrán usar en clases con fines académicos autorizados o en situaciones especiales. Aunque la medida parece sensata, hay varios puntos a considerar antes de celebrarla como una solución definitiva.

Cada día, los chicos reciben centenares de notificaciones mientras están en clase. Esto interrumpe su atención y les impide concentrarse. Por eso, regular su uso parece necesario. Sin embargo, prohibirlos completamente puede ser un error, sobre todo cuando pensamos en los beneficios que pueden ofrecer si se usan adecuadamente.

El celular no es solo una distracción; también es una herramienta poderosa de aprendizaje. Con acceso a internet, aplicaciones educativas y recursos multimedia, los estudiantes pueden enriquecer su educación de maneras que antes eran impensables. Sin embargo, esto solo funciona si se utiliza con una metodología adecuada. No basta con permitir su uso sin una estrategia pedagógica que lo guíe. La clave está en enseñarles a usarlo de forma responsable y productiva, integrándolo al proceso educativo de manera que favorezca su aprendizaje.

En un país con marcadas desigualdades en el acceso a la tecnología, la medida de prohibirlos podría dejar atrás a quienes dependen de su celular para acceder a contenidos educativos o para mantenerse conectados con sus maestros. Si la ley busca mejorar la educación, también debe pensar en cómo garantizar que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades para acceder a la tecnología, en lugar de profundizar las brechas existentes. En ese escenario, los docentes tienen un papel fundamental. Más allá de ser los encargados de cumplir con la ley, deben ser guías que enseñen a los estudiantes a gestionar el uso de la tecnología. Se trata de acompañarlos en el proceso de aprendizaje, no de eliminarles las herramientas que podrían potenciar su educación.

En resumen, la Ley 32385 es un intento de resolver un problema real: el uso desmedido de los celulares en las aulas. Pero la solución no puede ser simplemente prohibir su uso. La tecnología llegó para quedarse, por lo que es indispensable aprender a integrarla de forma efectiva en la educación. Si se prohíbe sin más, solo se estará frenando una oportunidad. El secreto está en encontrar un equilibrio, donde los dispositivos se usen con fines educativos y se promueva el uso responsable entre los estudiantes de educación básica.

(*) Juez Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Ucayali.

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba