Según el Diccionario de la Lengua Española, la palabra “apolítica” es un adjetivo que se refiere a personas ajenas a la política, o que se desentienden de ella. “Apolítica” es el antónimo de “política”. “Política”, como se sabe, se refiere a personas que intervienen en las cosas del Estado.
Bueno pues, en mi opinión, nuestro Estado no tiene ninguna “política del agua”. Ergo, es apolítico con respecto al agua. Para muestra, dos botones. Al tristemente célebre “agua sí, oro no” de Ollanta Humala, ahora habría que agregar el tremendo lapsus del, hasta hace poco, ministro de Agricultura, Ángel Manero, en la 37 Convención Minera PERUMÍN en Arequipa, donde textualmente dijo: “La minería tiene prioridad sobre el agua. La agricultura puede esperar”.
Ambas expresiones son típicas de políticos demagogos que dicen lo que el auditorio quiere escuchar. El problema es que no hacen nada al respecto. Ni siquiera para la pobre gente que no tiene agua en sus casas. En eso consiste la “apolítica del agua” en nuestro país: en no hacer nada.
Hace poco, el domingo 28 de septiembre, para ser preciso, bajó el agua nueva por el río Ica. ¡Maravilloso! A partir de ahora, la contrastante historia del agua peruana volverá a repetirse. Gran cantidad de agua se perderá en el mar, sobre todo entre los meses de diciembre y abril. Luego, acabada la temporada de lluvias, a partir de mayo, entraremos nuevamente en el estiaje, y muchos se lamentarán por la escasez de agua.
¿Qué hicieron para retener parte de las abundantes aguas de lluvias que tuvieron frente a sus narices y que se perdieron en el mar? Nada. Entonces, en vez de quejarse, más bien habría que actuar como corresponde.
Desde las cabezadas de nuestras cuencas, en hermandad entre la Costa y la Sierra, tal como hicimos entre Ica, Huancavelica y Ayacucho en el período 2015-2018, hasta las desembocaduras de nuestros ríos en el mar, debemos llevar a cabo lo que se denomina la “Siembra y Cosecha de Agua”.
Arriba, donde más llueve, debemos construir muchos reservorios: pequeños, medianos y grandes. No importa el tamaño, sino el volumen de agua almacenable por todos los reservorios en conjunto.
La agricultura de secano debe cederle el paso a la agricultura bajo riego. Y el riego en sí debe tecnificarse a todo nivel. Hay que instalar aspersores de agua en las planicies y quebradas altoandinas, y riego por goteo en las partes medias y bajas de nuestros valles estupendos.
Los acuíferos deben manejarse sosteniblemente. En efecto, el subsuelo sirve muy bien para almacenar grandes cantidades de agua.
Pero el manejo eficiente del agua implica también acciones administrativas innovadoras, tales como tarifas diferenciadas, o lo que en su momento planteamos como “tomas libres”.
Por otro lado, todas las aguas servidas de todos los pueblos del Perú deben tratarse y aprovecharse para uso agrícola. Tal como lo hacen estupendamente bien la empresa Minera Cerro Verde en Arequipa, y las empresas Agrokasa, Sun Fruits y Agrisil en Ica.
Ahí va un esbozo de lo que podría constituir una “política del agua” en nuestro país. Pero no, lo que tenemos muy bien implementada —y desde décadas atrás— es la “apolítica del agua”. Puro floro. Cero reservorios. ¡Patético!
(*) Exgobernador regional de Ica.

