
Si alguien aún tenía dudas de que el Fenómeno El Niño, tanto a nivel global como a nivel nacional, llegaba, después de ver los cambios climáticos en nuestro planeta, la elevación de la temperatura en nuestro litoral, las alteradas mareas y, tras cuernos palos, la sequía que se observa en la zona alta de los Andes del sur, ya nadie duda: El Niño llega no solo con violencia, sino también con vocación destructiva y, por qué no decirlo, mortal. Pues, por la intensidad que está prevista y la falta de previsión de nuestras autoridades en estos últimos años de descomposición política y social, insistimos: El Niño se tornará de destructor a mortal.
Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, quien fuese arzobispo de Piura y Tumbes, pero que, por el gran cariño a la que fue su feligresía, de la cual fuese injustamente apartado, está atento a lo que sucede en esos dos departamentos del norte peruano. Es por ello que ayuda a que abramos los ojos y se inicien las indispensables medidas de previsión, ya ni siquiera para eliminar la fuerza enorme de ese Niño terrorífico, sino para, por lo menos, menguarla.
Conversando con Monseñor Eguren, recordaba que en el año 2017, cuando se produjo un anterior Niño, este fue traumático, pues se inundó Piura y el Bajo Piura, como Catacaos y muchos otros poblados y caseríos. También en el de 2023, al que se unieron los efectos del ciclón Yaku y la subsiguiente epidemia de dengue, que fue atroz, con cerca del 10% de la población de Piura infectada. A ello, y ya de mi cosecha, se podría agregar que, según los datos oficiales -seguramente para no alterar a la población-, fue registrada una menor incidencia sanitaria.
Pese a la gravedad del dengue, se sufrió desabastecimiento de medicinas y de materiales médicos. El paracetamol, según cuentan vecinos de Piura, no se encontraba ni en farmacias ni en centros de salud. Tampoco había sueros orales y otros hidratantes, al igual que suero fisiológico intravenoso. Pero mucho menos lo más básico, como los repelentes para el zancudo.
Si lo relatado fue tan grave con un Niño de menor severidad que el que está anunciado para el que está llegando, es inimaginable lo que podría suceder en los siguientes meses ante la inercia, irresponsabilidad y negligencia de las autoridades de los últimos tiempos, dedicadas a su fin de fiesta y a gastar y gastar, “como si el mundo se fuese a acabar”, según reza viejo aforismo.
Como lo hemos repetido hasta el cansancio, mientras nuestros parlamentarios, con la aquiescencia y complicidad del Poder Ejecutivo, vienen asaltando las arcas fiscales con iniciativas de gasto público indebidas e inconstitucionales -como lo acaba de reconocer el Tribunal Constitucional-, nuestra población sigue desprotegida ante el nuevo Niño que ya amenaza con su ferocidad.
Esperemos que el gobierno que se inaugure el 28 de julio haga, con vehemencia, lo que el gobierno que se va no quiso ni siquiera reconocer que era de su competencia.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros

