Opinión

¿Puede el oro financiar el futuro del Perú?

Por: Emilio Rossi Ferreyros

El Perú es uno de los mayores productores de oro del mundo, pero esa riqueza no se ha traducido en un patrimonio nacional capaz de beneficiar a las futuras generaciones. El oro se extrae, se exporta y genera impuestos, regalías y canon, pero, una vez gastados esos recursos, el país vuelve a empezar desde cero.

Ese modelo contrasta con la experiencia de países que decidieron transformar sus recursos naturales en riqueza permanente. El caso más conocido es Noruega, que, en lugar de gastar íntegramente los ingresos provenientes del petróleo, creó un fondo soberano que invierte esos recursos en activos financieros alrededor del mundo. Hoy, ese patrimonio genera una rentabilidad anual que contribuye a financiar el bienestar de la población sin depender exclusivamente de nuevos ingresos petroleros.

El Perú podría abrir un debate similar. En lugar de destinar todo lo que recauda de la minería aurífera al gasto corriente, una parte de esos ingresos podría invertirse cada año en un Fondo Soberano. Ese dinero no permanecería inmovilizado ni se utilizaría para financiar el presupuesto del momento; se invertiría en un portafolio internacional diversificado de acciones, bonos y otros activos de alta calidad, con el objetivo de preservar e incrementar su valor en el tiempo.

La lógica es sencilla: el capital no se toca. Solo se utiliza la rentabilidad que produce. De esa manera, una riqueza que hoy se agota con la extracción del mineral podría convertirse en una fuente permanente de financiamiento para proyectos estratégicos en salud, educación, ciencia, infraestructura o pensiones. Existe incluso una alternativa complementaria. Una parte del fondo podría mantenerse en reservas de oro físico, aprovechando que el metal suele actuar como refugio frente a crisis financieras e inflación. Esto permitiría diversificar el patrimonio nacional, aunque el objetivo principal seguiría siendo el mismo: transformar los ingresos del oro en inversiones productivas que generen rendimientos sostenibles.

Naturalmente, un fondo de esta naturaleza no produciría resultados inmediatos. Como toda inversión de largo plazo, requiere años de acumulación, reglas fiscales estrictas y una administración completamente técnica e independiente del poder político. Sin embargo, precisamente esa disciplina es la que ha permitido que los fondos soberanos más exitosos del mundo se conviertan en instrumentos de estabilidad económica y prosperidad intergeneracional.

El verdadero desafío para un país rico en recursos naturales no es extraer más, sino administrar mejor esa riqueza. El oro no debería ser visto únicamente como un producto de exportación, sino como una oportunidad para construir un patrimonio que siga generando beneficios cuando las minas ya no produzcan. La diferencia entre un recurso que se agota y una riqueza que perdura depende, al final, de cómo se decida administrar hoy el futuro del país.

(*) Abogado, Ph. D (c)

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