
El propósito central de la creación por ley del Consejo por la Paz ha sido, desde un inicio, propulsar un organismo que aglutine a las instituciones representativas de la sociedad peruana en torno al objetivo común de consolidar una democracia con paz, justicia social y plena vigencia de los Derechos Humanos.
Como fundador y presidente de la institución, concurrí a fines de 1992 a la Pampa de la Quinua en Ayacucho —en ese entonces zona roja senderista— para proclamar in situ que los primeros violadores de los Derechos Humanos son los terroristas y de la misma forma denuncié a la mal llamada Comisión de la Verdad y Reconciliación, manejada por caviares, cuando en sus hipócritas conclusiones señala, entre otras impudicias, que “las dos décadas finales del siglo XX son —es forzoso decirlo sin rodeos— una marca de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanos” dentro del contexto de su hipócrita defensa de Sendero Luminoso, al que consideran un partido político corresponsable “por igual” que los agentes del Estado de dichas “dos décadas de destrucción y muerte”.
Nos valió para que, dentro del proyecto de ley presentado al Congreso de la República para crear otro organismo que les sirviera de mamadera estatal, los caviares de la CVR incluyeran la Disposición Tercera Final por la cual se derogaba “la ley 25237, el Decreto Legislativo 652 y todo dispositivo legal o administrativo que se oponga a la presente ley”. En la explicación ulterior indican que “mediante la derogatoria de las leyes mencionadas, desaparece el Consejo por la Paz. Del análisis de las referidas normas, no aparecen funciones relevantes que deban ser asumidas por el Consejo Nacional de Reconciliación”.
Obviamente, su interés no es consolidar ni la paz ni la democracia ni mucho menos defender legítimamente los DDHH, sino proteger sus prerrogativas y prebendas.
Me encargué de desnudar esta caviarada en la propia Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso y el proyecto de marras fue desechado. Pero, como me dijo en una oportunidad mi querido amigo y héroe nacional, Luis Giampietri, “los sacaste del clóset en solitario”, lo cual, a mucha honra, me ha valido persecución judicial y mediática de esa corrupta banda.
Hoy su corrupción y abuso son de público conocimiento, pero parte de lo que tenemos que hacer con el Estado peruano es limpiarlo de estos vampiros presupuestales, tal como lo está haciendo Donald Trump en Estados Unidos.
(*) Presidente del Consejo por la Pa.
Presidente de Perú Nación.