
Como sabemos, por mandato constitucional en nuestra patria el voto es obligatorio para nuestros ciudadanos, entre los 18 años hasta los 70, y después es voluntario, tanto se encuentren dentro del país como en el extranjero. La sanción por no acudir a sufragar es una multa, la que en julio del año 2006 aprobamos por Ley N° 28859, la cual fue promulgada cuando Alan García asumió por segunda vez la presidencia.
Para las elecciones del 2026, y teniendo en consideración el alto porcentaje de ausentismo en las elecciones del 2021, quizás en ese entonces debido a la pandemia que afectó al globo en el año anterior, desde las autoridades electorales se hizo amplia campaña para estimular el voto de los ciudadanos.
También muchos analistas políticos, columnistas de diferentes medios y actores políticos llamaron al voto ciudadano haciendo mención a su responsabilidad, no solo legal sino también cívica y moral. Mucho se insistió en que no ir a votar o hacerlo en blanco o viciado era endilgar la responsabilidad del voto consciente a los que lo emitieran, y que lo otro era actuar sin valentía.
Lamentablemente, por las cifras que hoy ya se conocen, la campaña y la invocación al voto responsable no han tenido el efecto deseado y seguimos teniendo notorio abstencionismo. De los 27,325,432 peruanos que teóricamente podían emitir su voto, cerca de la cuarta parte se inhibió de hacerlo, por supuesto algunos por causas razonables como podría ser accidente o viaje, entre muchas otras.
El autor de esta nota debe reconocer que ciudadanos muy longevos cuya edad excede a la tercera los vi emitir su voto en el emblemático colegio Alfonso Ugarte, concurriendo hasta en silla de ruedas, lo que acredita que también existen ancianos que, sin estar obligados al sufragio, lo hicieron.
Sin embargo, fue muy penoso advertir que ciudadanos supuestamente hábiles para sufragar, en distritos como Miraflores, San Isidro, San Borja, Santiago de Surco y La Molina, considerados como vecinos por lo general de apreciable y envidiable situación social y económica, no lo hicieron, repitiéndose la situación observada en las elecciones del 2021 en que resultó proclamado Pedro Castillo como presidente.
Si los omisos hubiesen votado, la historia sería otra y probablemente el profesor Castillo seguiría maleducando a sus alumnos, pero no envenenando con sus ideas trasnochadas a nuestra patria. Parecería que nada cambió, que no hubo rectificación y que gracias a los omisos podríamos tener en Palacio de Gobierno a un presidente del área siniestra y contraria a la diestra.
Felizmente, el conteo de los votos no ha concluido y aún hay actas que no han sido incorporadas a la contabilidad general, esperándose también la resolución de las observaciones e impugnaciones pendientes. Pero, sea cual fuere el resultado firme y final, tendrá que respetarse, llamándose a los actores políticos a concertar, pues la política lo exige, ya que no hay que imponer sino ceder mutuas posiciones para llegar a puntos medios aceptables.
Hay aún millones de personas a quienes no les llegan los beneficios del crecimiento y desarrollo del país, omisión que debe desterrarse, pues además la pobreza y desesperanza conducen a la protesta, y una de las formas de protesta es la votación con enojo que puede conducir hasta la violencia, que Dios quiera no se produzca.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros

