Opinión

Qué deben hacer los partidos políticos por la democracia

Por: Rafael Velásquez Soriano

En toda democracia, los partidos políticos cumplen un papel central debido a que son el puente entre la ciudadanía y el poder público. Además, son los espacios donde se organizan ideas, se construyen propuestas y se forman liderazgos. Cuando funcionan adecuadamente, fortalecen el sistema democrático. Pero cuando se debilitan, la política pierde estructura y credibilidad.

Según el informe sobre democracia en América Latina elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), una parte importante de ciudadanos en la región manifiesta baja confianza en los partidos políticos. En varios países este nivel de confianza se ubica entre los más bajos dentro de las instituciones públicas. Estos datos muestran que existe una brecha evidente entre los partidos y la ciudadanía.

Una de las responsabilidades más importantes de los partidos es formar cuadros políticos preparados para asumir funciones públicas. No se trata solo de ganar elecciones, sino de construir liderazgos con capacidad de gestión y sentido de responsabilidad. La política necesita personas que comprendan el funcionamiento del Estado y actúen con criterio democrático.

También creo que los partidos deben recuperar su función de debate interno, porque en muchos casos se han convertido en estructuras electorales que aparecen con fuerza en campaña y luego desaparecen hasta las siguientes elecciones. Sin discusión programática ni reflexión política, las propuestas se vuelven superficiales. La democracia necesita organizaciones que piensen el país con seriedad.

Otro aspecto fundamental es la transparencia en sus procesos internos. Es decir, contar con reglas claras para elegir candidatos y definir decisiones que fortalezcan la confianza ciudadana. Cuando las designaciones parecen responder únicamente a intereses particulares, el desencanto se profundiza. La democracia interna no es un detalle, es una señal de coherencia.

Los partidos también deberían mantener contacto permanente con la sociedad y no solo durante los periodos electorales. Esto implica escuchar a distintos sectores, recoger demandas y promover espacios de participación que fortalezcan su legitimidad. Cuando la relación con la ciudadanía se reduce a pedir votos cada cierto tiempo, el vínculo se debilita.

En sociedades complejas, los partidos cumplen la función de ordenar el debate público y canalizar las diferencias de manera institucional. Sin organizaciones políticas sólidas, la discusión democrática se vuelve más dispersa y personalista. La política deja de girar en torno a proyectos colectivos y se concentra en figuras individuales.

El fortalecimiento de los partidos políticos no debería verse como un asunto interno de esas organizaciones, sino como un tema de interés público. Una democracia necesita partidos responsables, transparentes y conectados con la sociedad, para que la política recupere su sentido de servicio y contribuya a la estabilidad de un país.

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

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