Opinión

Políticamente “incorrecta”. Nunca cómplice ni selectiva con la corrupción

Por: Katherine Ampuero Meza

Nuestra indignación popular no es un arrebato pasajero: es la respuesta legítima de un pueblo que se siente traicionado una vez más por sus altas autoridades a quienes eligió en las urnas.

La reciente maniobra en el Congreso, donde bancadas que se identifican como de derecha y centro derecha terminaron coludiéndose y negociando bajo la mesa con la extrema izquierda de Perú Libre para ungir como presidente de la República al congresista José Balcázar —elegido por Perú Libre y hoy militante de Perú Nación—, tras la censura de José Jerí por graves inconductas funcionales, ha encendido una furia ciudadana que no distingue ideologías.

Lo que el país percibe —y con razón— es un pacto mafioso de congresistas para mantener sus cuotas de poder y sobrevivir políticamente traicionando la confianza ciudadana. Se prometió firmeza frente al comunismo, defensa de nuestras instituciones y respeto irrestricto al Estado de derecho.

Pero cuando llegó la hora decisiva, muchos de esos que dicen ser de derecha y centro derecha optaron por negociar y pactar en la sombra con quienes juraron combatir. Traicionaron vilmente la confianza de sus electores con tal de conservar sus cuotas de poder y quedaron al descubierto de que su prioridad nunca fue el país, sino sus mezquinos intereses políticos, la repartija de ministerios, el control de presupuestos y la administración de los recursos que pertenecen a todos los peruanos. La ciudadanía no es ingenua.

Sabe leer lo que ocurre detrás del telón. Sabe que el control del aparato estatal pesa más que cualquier principio. Sabe también que estamos en plena antesala electoral y que algunos buscan posicionarse desplegando campañas de desprestigio contra quien encabeza las encuestas. En ese cálculo frío y mezquino, quien pierde siempre es el Perú. En lo personal, asumo sin complejos una etiqueta que muchos usan para descalificar: soy “políticamente incorrecta”, porque no quiero ser más de lo mismo. Porque me niego a convertirme en una política que es “selectiva en su lucha contra la corrupción”, que negocia en contra de los intereses del país con tal de mantener cuotas de poder político o beneficios económicos. Me niego a normalizar la hipocresía, la incoherencia y esa cultura donde todo —principios, promesas, valores— se vende al mejor postor. Muchos dirán que soy idealista. Lo acepto con orgullo. Prefiero el idealismo honesto antes que el cinismo cómodo.

Creo firmemente que ha llegado la hora de una verdadera renovación de la clase política, tan venida a menos y tan alejada de la ciudadanía. La confianza pública exige coherencia, transparencia y rendición de cuentas. Por eso este 12 de abril será el inicio de ese gran cambio: con firmeza, valentía y esperanza.

Es nuestra oportunidad para decir fuerte y claro a través de nuestros votos: NO a la repartija. NO a los pactos mafiosos. NO a la traición de la confianza popular. Y diremos SÍ a un país decente, a una política limpia desterrando todo aquello que ha secuestrado nuestras instituciones y nuestra esperanza.

(*) Abogada penalista y exprocuradora del caso Odebrecht.

(*) Candidata por Renovación Popular al senado con el N° 4.

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