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Un jinete que viaja por el tiempo a los años 80

Novela de Paco Moreno hace un parangón entre la crisis sanitaria por pandemia y la violencia terrorista que obligó a millones a migrar del campo a la ciudad

POR: GERARDO PORRAS

La pandemia del covid, si usamos el lenguaje marxista, agudizó las contradicciones. La vida, por ejemplo, acortó ese camino que, inexorablemente, la conduce a la muerte. El campo y la ciudad, los de arriba y los de abajo o la riqueza y la pobreza, entre otras dicotomías, se mostraron más evidentes. Las dos caras de esta moneda, propias de Baco y Dante, son planteadas como una antítesis por Paco Moreno en su última obra, El jinete en su hora cero, una novela de corte ensayístico que describe esta realidad en una galería de circunstancias e imágenes que tienen un cordón umbilical que conecta al pasado con el presente.

El hilo conductor de la novela es el recorrido que, para eludir con cintura propia el riesgo de contagio, hace a pie el personaje principal, un periodista, desde su casa, en Pueblo Libre, hasta la de su madre, en San Juan de Lurigancho. Como a millones en el mundo, la pandemia los tuvo distantes, preocupados el uno por el otro y temerosos de no saber toda la verdad respecto a la familia. El reencuentro es esperado con ansias.

Va premunido de una mascarilla y un casco blanco de ingeniero civil que tiene un enorme protector contra el “bicho maldito”. Una narración en primera persona nos indica que la obra, evidentemente, consta en gran parte de episodios autobiográficos.

CANGALLO

En el camino echa mano de la retrospectiva y se ubica en el presente, en estos tiempos de emergencia sanitaria, para luego remontarse a los años 80, la época de su niñez en un remoto pueblo de Cangallo, en Ayacucho, donde montaba a caballo desde los tres años, saltaba acequias, cantaba huainitos y mojaba sus manos con las gotas de rocío cuajadas en las hojas de retama. La recurrente narración de hechos pretéritos en parajes rurales y momentos actuales en la urbe denota la intención de señalar las brechas socioeconómicas que en estos tiempos se hacen más evidentes.

El personaje es uno de los miles de pobladores del Perú profundo que, según lo describe José Matos Mar en Desborde Popular y Crisis del Estado, viajaron a Lima o alguna otra ciudad de la costa huyendo del terrorismo y el abandono por parte del Estado. De “los encapuchados”, dogmáticos y totalitarios, pero también de “los uniformados”, que es como llama el personaje a los militares que por esos años perpetraban masacres de campesinos en un terrorismo de Estado igualmente cruel y despiadado.

El jinete en su hora cero es una obra que nació en medio de las cuarentenas, las cuales nos obligaron al autoaislamiento durante meses y en ese transcurrir abonaron, por decirlo de alguna manera, el terreno fértil de la meditación, la evocación y la añoranza. Esta combinación de sentimientos llevó al autor a traer a la memoria el pasado para encontrarle una explicación al presente.

INFLUENCIAS

En la novela se percibe la influencia de la lectura de obras indigenistas y sociológicas de autores como José María Arguedas (Los Ríos Profundos o El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo), Manuel Scorza (Redoble por Rancas) y Luis E. Valcárcel (Tempestad en los Andes).

Sin embargo, Paco Moreno, en El jinete en la hora cero, por la naturaleza de los escenarios, transita de lo urbano a lo rural y viceversa. Hay momentos en los que, por tanto, arrecian pasajes que hacen recordar relatos netamente citadinos como los de los cuentos El cielo sin cielo de Lima, de Carlos Eduardo Zavaleta, que apareciera en una de las ediciones de los recordados Munilibros, editados precisamente por Scorza en los tiempos en que Alfonso Barrantes era alcalde de la ciudad capital.

De hecho, el autor recuerda que Arguedas, acompañando a su padre, un abogado trotamundos, pasó parte de su niñez en Cangallo, “donde el frío hace tiritar hasta a los árboles más portentosos, y cuando el sol se asoma el lugar es una fiesta para el arrayán, el sauce, el lambras, la tuna, el sillcao, el tankar, el eucalipto, el capulí, el airampo, la tara, la retama”.

DOS CABALLOS

El padre del personaje es un morochuco que decía que, si hubieran coincidido en el tiempo, habría estado en las filas de Basilio Auqui Huaytalla, el arriero rebelde que en 1814 se sumó a las filas independentistas de los hermanos Angulo del Cusco. Así, campesinos rebeldes, vecinos solidarios, amigos entrañables, amores platónicos, subversivos “encapuchados”, soldados abusivos y muchos otros personajes son intercalados con episodios vividos por el círculo familiar del narrador.

En el relato, Paco Moreno utiliza dos caballos, “Sillcao” y “Mallaccha”, para simbolizar su viaje por el tiempo y mostrar el gran cariño que les tiene el personaje principal a estos animales por su nobleza y lealtad. En la novela se entretejen hechos históricos traídos a colación en el relato conforme van apareciendo los escenarios y las incidencias. Así, también, menciona a diversos intelectuales y personajes históricos y contemporáneos, como Pablo Macera, María Rostworowski, el maestro Hugo Lévano, el doctor Elmer Huerta y Pedro Castillo montado en su caballo el día de las elecciones, cuya vida y obra, en aspectos y momentos precisos, refuerzan la trayectoria discursiva del relato.

El jinete en su hora cero, la primera novela de Paco Moreno, periodista, escritor y maestro universitario, se presentará el viernes 26 en la Feria del Libro del Bicentenario a las 7 de la noche, en el parque Kennedy de Miraflores. Antes ha publicado dos libros de periodismo literario, Gente como uno y Rebelde sin pausa, y uno de cuentos, El otro amor de mamá.

POR POCO ATROPELLAN AL COLUMNISTA “EL BÚHO”

Uno de los pasajes más curiosos de la novela El jinete en su hora cero es el referido a la madrugada en que el personaje principal, luego de un “cierre de película” en el diario donde trabajaba como periodista, iba en un auto acompañado del editor y en la avenida Arequipa, cerca del canal 5, casi atropellan a Víctor Patiño, columnista del diario Trome conocido como “El Búho”.

“‘El Búho’ se despertó ante el frenazo y Revito (Revoredo) salió como un gallo por la ventana para requintar al distraído y, cuando se dio cuenta de que era Patiño, le cambió el rostro. Después, en el carro, me contó historias del bravo columnista que no vienen al caso”, relata.

La Noticia

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