Opinión

Un Congreso: ni obstruccionista, ni confrontacional

Por: César Sandoval

Por mucho tiempo hemos confundido control político con obstrucción. Y fiscalización con confrontación. Esa confusión nos está saliendo carísima. El diseño constitucional es claro y es sabio: el Congreso legisla, representa y controla. El Ejecutivo gobierna y administra. Son poderes distintos, autónomos, que deben controlarse mutuamente, sí, pero que están obligados a coordinar para que el Estado funcione. Cuando el control se convierte en sabotaje, el que pierde no es el presidente de turno, es el país. Lo hemos visto en el Perú hasta el cansancio. Congresos que convierten la interpelación en un deporte semanal, la censura en una venganza política y las comisiones investigadoras en tribunales mediáticos. Ejecutivos que responden con el mismo desprecio, cerrando puertas, negando información y gobernando por decreto. 

Esa dinámica de trinchera produce exactamente lo que tenemos hoy: inestabilidad crónica, gabinetes que duran meses, leyes populistas aprobadas para golpear al otro poder, y reformas estructurales que nunca llegan. Un Congreso obstruyente no es un Congreso fuerte. Es un Congreso débil. Es débil porque renuncia a su función más importante: legislar bien. ¿Cuántas leyes importantes para la seguridad ciudadana, para la reactivación económica, para la reforma del sistema de justicia o para la salud, duermen en comisiones mientras se debate la moción número 50 contra un ministro? Obstruir es fácil. Gobernar, perdón, legislar con seriedad, exige estudio, diálogo técnico y visión de largo plazo. Y eso es lo que menos vemos. 

Es débil también porque pierde legitimidad. La gente no es ingenua. Distingue perfectamente entre un Congreso que fiscaliza un caso de corrupción con pruebas, y un Congreso que paraliza proyectos, presupuestos y nombramientos solo para demostrar quién tiene más poder. La desaprobación histórica del Parlamento no viene de que fiscalice mucho, sino de que fiscalice mal y obstruya todo. Ojo: decir que el Congreso no debe ser obstruyente no es pedir que sea sumiso. Nadie quiere un Congreso de rodillas, que le firme cheques en blanco al Ejecutivo. La historia peruana también nos ha enseñado el peligro de los oficialismos acríticos. El contrapeso es indispensable. Pero el contrapeso en una democracia no es un bloqueo. Es un equilibrio. Un Congreso maduro entiende la diferencia: 

  1. Control no es obstrucción: Puede y debe citar a ministros, pedir información y censurar cuando hay incapacidad o falta grave. Lo que no debe hacer es usar esas herramientas para chantajear, para negociar cupos o para tumbarse gabinetes por cálculo electoral. 
  2. Oposición no es confrontación permanente: Ser oposición es proponer una alternativa mejor. No es decirle que no a todo lo que venga del Ejecutivo solo porque viene del Ejecu- tivo. El “no” automático es tan irresponsable como el “sí” automático. 
  3. Autonomía no es aislamiento: Los presidentes de comisión y la Mesa Directiva pueden y deben sentarse a coordinar agenda con la PCM, con los ministerios. Eso no es traición, es gestión de Estado. Necesitamos volver a una idea básica que parece que olvidamos: ambos poderes fueron elegidos por el mismo pueblo, en la misma elección, para servir al mismo país. El conflicto permanente puede ser rentable para algunos políticos que viven del show y del clip viral, pero es ruinoso para el ciudadano que espera un hospital, una carretera o simplemente que la economía no se detenga cada seis meses. El Perú no necesita un Congreso que le ponga cabe al Ejecutivo. Necesita un Congreso que le ponga límites cuando se excede, que le ponga luces largas cuando no ve, y que le ponga hombro cuando el tema es de interés nacional; promover las inversiones, afrontar la seguridad ciudadana, reacción inmediata del fenómeno del niño, crecimiento económico y generación de empleo. Menos trincheras. Más puentes 

*Exministro de Transportes y Comunicaciones | Presidente del partido político Democracia y Libertad. 

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados 

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