Opinión

Tristeza de los PEX

Por: Ántero Flores-Aráoz Esparza

Recordaremos que el término “PEX” es la sigla para nombrar a los peruanos en el exterior, esto es, a los peruanos que buscaron nuevos rumbos y oportunidades en el exterior, principalmente en épocas en que era muy difícil encontrarlas en el país.

Como hemos dicho en otras oportunidades, los PEX desean mantener sus vínculos con el Perú, tratan de que sus descendientes mantengan nuestro idioma principal, que es el castellano, la religión de sus ancestros, sus costumbres como las procesiones del Señor de los Milagros, de la Virgen de la Candelaria y del Señor de Luren.

Además, no olvidan a la parentela que quedó en el terruño y les remesan dinero, que en su totalidad constituye un ingreso importante para la economía nacional.

En lo electoral, se interesan por la política peruana y, para las elecciones generales de cada cinco años, recorren muchas veces cientos de kilómetros para sufragar, pese a no existir ninguna penalidad por omitirlo.

Estos peruanos se sintieron gravemente afectados cuando el candidato presidencial de la segunda vuelta, que la perdió, intentó que no se computasen los votos en el exterior, lo que sinceramente era odioso y sin sustento jurídico alguno.

Señalan los autores que la mejor forma de expresar los sentimientos es a través de la poesía y de las canciones, aunque también hay frases que, sin serlo, llegan al alma, como un correo electrónico que recibí en el que se manifiesta:

“Dicen que ya no soy peruano y esas palabras me cayeron como un golpe en el pecho. No saben todo lo que llevo dentro, no saben que mi historia empezó en esa tierra, que mis recuerdos tienen nombre, sabor y acento peruano. ¿Quién puede decidir eso? ¿Quién puede borrar lo que soy solo con decirlo? Me duele, porque ser peruano no es algo que se quita, no es una camiseta que uno se cambia. Es algo que vive en el alma, en cada recuerdo, en cada paso que doy. Tal vez he cambiado, tal vez la vida me llevó lejos, pero dentro de mí siguen latiendo mis raíces. Y aunque digan que ya no soy peruano, yo siento, en lo más profundo de mi corazón, que eso jamás me lo podrán quitar”.

El apreciado lector de esta columna podrá preguntarse cuál es el interés de su autor en los peruanos que residen en el exterior. La respuesta es dual, pues tengo sobrinos que residen hace muchos años en el extranjero y conozco de sus añoranzas, pero también porque desde hace varias décadas acompañé a Julio Salazar Moscoso en sus esfuerzos y tareas para lograr que exista un distrito electoral especial, que pueda votar por sus representantes al Congreso, que a partir de breves días tendrán un senador y dos diputados.

Y aclaro: no tengo ninguna intencionalidad política, no postularé a ningún cargo electivo ni tampoco aceptaré designación política de ningún gobierno. Una cosa es estar interesado en la política por el bien del país, pero no necesariamente en la política activa. Hay que saber poner punto final a dicha vocación.

(*) Expresidente del Consejo de Ministros

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