
En los últimos meses, hemos sido testigos los peruanos de sentimientos y comportamientos contradictorios. En efecto, muchas personas pasaban fácilmente de la depresión a la euforia y viceversa. La razón: los avatares políticos, así como también el sentimiento de inseguridad y el crecimiento de la delincuencia, principalmente por las extorsiones y el sicariato. Como podemos advertir, el pesimismo no era gratuito, tenía motivaciones reales, lo que se acentuaba con la creencia de que la situación podría complicarse mucho más con el proceso electoral y la inquietud respecto al comportamiento del electorado y la falta de predictibilidad.
Con la expulsión (llamada vacancia por incapacidad moral permanente en la Constitución que nos rige) de la entonces presidenta, doña Dina Boluarte, del cargo que ejercía, y la asunción de don José Jerí Oré como primer mandatario de la Nación, por legítima sucesión constitucional, la situación comenzó a revertir positivamente. Del pesimismo se pasó al optimismo al ver un nuevo presidente de la República joven, con buen discurso, que no se corría de la prensa, que afrontaba los retos, que estaba en permanente actividad y que además había escogido como presidente del Consejo de Ministros a Ernesto Álvarez Miranda, un jurista de polendas, que había presidido el Tribunal Constitucional y que es respetado por todos.
Sin embargo, por haber concurrido el presidente Jerí a un chifa, prácticamente de incógnito y con una capucha que escondía incluso el rostro, para reunirse con personas que luego se conoció que no eran comensales de buena reputación, el presidente dio las disculpas del caso a todo el país y, sin huir de las responsabilidades, ha solicitado asistir tanto al Ministerio Público como al Congreso a dar su versión sobre el evento y otras reuniones que han originado sospechas.
Lo expuesto en el anterior párrafo no debería frustrar el optimismo; antes bien, debería volver a los compatriotas, y las motivaciones son muchas. Entre otras, que ya estamos en el proceso electoral, con candidaturas que se han ido inscribiendo ante las autoridades electorales. La campaña ya empezó y, pese a existir cerca de 40 agrupaciones políticas en la contienda, se sabe por cálculos aproximados que solo pasarían la valla electoral no más de 6 o 7 agrupaciones políticas, con lo cual sería más llevadera la actividad parlamentaria.
El cambio de gobierno también genera la expectativa de que vaya a ser mejor de lo que hemos tenido en los últimos años, que nos han enseñado también que debemos ser los ciudadanos mejores electores, pues nuestros gobernantes y parlamentarios no cayeron del cielo como el maná bíblico, sino que fueron elegidos por la ciudadanía con sus votos.
Adicionalmente, es prioridad de la gran mayoría de agrupaciones políticas de corte democrático luchar por recuperar la tranquilidad pública y enfrentar la violencia delictiva y antisocial. Por otro lado, la precampaña electoral no ha influido negativamente en los aspectos económicos y ha corrido en cuerdas separadas respecto a la situación política, y todos deberemos hacer esfuerzos para que ello continúe hasta el cambio de gobierno y del Congreso.
En adición a todo lo expuesto, cada día el electorado es más consciente de que las izquierdas de todo calibre solo han llevado a los países al despeñadero, en que sus líderes cada vez son más ricos, a diferencia de los ciudadanos que cada día son más pobres. Ya se conoce a cabalidad la pésima herencia de los Castro en Cuba, de Chávez y Maduro en Venezuela y de la situación nicaragüense debido a las patrañas a que nos tiene acostumbrados Ortega. Los peruanos no queremos ese infame sistema.
La situación comenzó a variar y dio paso al optimismo, el que no debe perderse aun si la comedia de la capucha se convirtiese en drama, lo que esperamos eviten los parlamentarios conscientes, que también los hay.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros
