Opinión

La sorprendente economía peruana

Por: Rafael Velásquez Soriano

A pesar de los continuos problemas políticos y de la prolongada crisis institucional que atraviesa el país, la economía peruana viene demostrando una fortaleza que pocos esperaban. En medio de la incertidumbre, el Perú ha logrado sostener sus principales indicadores macroeconómicos y consolidarse como una de las economías más sólidas de América Latina, según diversos analistas y especialistas del continente.

Los resultados recientes lo confirman. Durante el año 2024, la economía peruana registró un crecimiento de 3,3 %, cifra que superó el promedio regional y reflejó una recuperación importante frente a periodos anteriores. Este desempeño se explica, en gran medida, por el dinamismo del consumo privado, la moderación de la inflación y la resiliencia del mercado laboral, factores que permitieron sostener la actividad productiva y fortalecer la confianza de los agentes económicos.

Las cifras más recientes refuerzan esta tendencia. Entre enero y julio de 2025, el crecimiento acumulado se ubicó en torno al 3,35 %, posicionando nuevamente al Perú entre los países de mejor desempeño económico en la región. Este avance resulta especialmente significativo si se considera el complejo escenario internacional y las tensiones internas que continúan afectando el clima político.

Detrás de estos resultados existen pilares claros. El consumo interno ha mantenido un ritmo constante, apoyado por una mayor estabilidad de precios y por un empleo que, si bien enfrenta retos, continúa mostrando señales de fortaleza. A ello se suma una política macroeconómica prudente, que ha permitido preservar el equilibrio fiscal, sostener la confianza del sistema financiero y mantener al país como un destino atractivo para la inversión nacional y extranjera.

Diversas estimaciones prevén que el Perú continuará entre las economías de mayor crecimiento en América Latina, con tasas cercanas al 3,1 %. Estas perspectivas se sustentan en la continuidad de proyectos de inversión, la recuperación de sectores clave como la minería, la agroexportación y los servicios, así como en una mayor articulación con los mercados internacionales.

Más allá de las cifras, es importante observar el impacto social de este desempeño. El crecimiento económico comienza a traducirse en una mayor generación de empleo formal y en una recuperación progresiva del poder adquisitivo de las familias. Este proceso resulta fundamental para fortalecer el consumo, reducir brechas y sentar bases más sólidas para un desarrollo sostenido.

En un contexto de permanente inestabilidad política, la economía peruana está dando una lección de resistencia. Su capacidad para mantenerse firme, crecer y proyectarse hacia el futuro confirma que el país posee fundamentos sólidos. Hoy más que nunca, el reto consiste en acompañar esta fortaleza económica con estabilidad institucional y políticas públicas que permitan convertir el crecimiento en bienestar duradero para todos los peruanos.

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba