
El Sistema de Justicia Peruano está también metido en la colada de los servicios públicos fallidos. Me refiero a toda la maraña institucional compuesta por la PNP, el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Instituto Nacional Penitenciario, la Contraloría General de la República, la Procuraduría General del Estado y hasta el propio Congreso de la República.
Todos tienen vela, ¡y qué vela!, en el entierro de todos los delitos habidos y por haber: crimen organizado, lavado de activos, colusión, peculado, corrupción, estafa, robo, enriquecimiento ilícito, narcotráfico y la minería ilegal.
Por un lado están los casos, de dominio público, de fiscales y jueces corruptos. Para muestra, un botón: los jueces y fiscales embarrados en el caso Los Cuellos Blancos del Puerto. ¡Un asco!
Pero hay más botones de muestra de la corrupción en el Sistema de Justicia Peruano, muchos más. ¿Qué hacía la fiscal Elizabeth Peralta pelando papas en la casa de las hijas de Chibolín en California, EE. UU.? Estamos atiborrados de historias de fiscales y jueces corruptos.
Sin embargo, así como hay corrupción, hay también probidad en el Sistema de Justicia Peruano. Y lo mismo ocurre en los demás poderes del Estado. La corrupción convive con la probidad. Tal cual la parábola del trigo y la cizaña.
No obstante, el Sistema de Justicia Peruano también sufre los embates de ciudadanos corruptos. Me refiero a aquellos lobos disfrazados de corderos que recurren a cada rato al Ministerio Público para denunciar a los buenos funcionarios, quienes, con su accionar honesto y responsable, impiden a los corruptos realizar sus fechorías.
Se trata de una táctica muy recurrente en nuestro país. Dicho sea de paso, muchos periodistas corruptos están metidos en esta colada. La táctica consiste en ahuyentar a los buenos funcionarios, denunciándolos maliciosamente por todo tipo de delitos. El objetivo es alejar a los buenos funcionarios para que los corruptos sigan haciendo de las suyas.
¿Por qué son tan permisivos con aquellos personajes, especialistas en leguleyadas y vericuetos judiciales, que se pasan la vida merodeando por los pasillos de los tribunales de justicia, donde presentan todo tipo de denuncias o querellas maliciosas contra funcionarios probos, las cuales, a la larga, terminan archivándose?
Para archivar dichas denuncias, por más que no tengan sustento alguno, los jueces y fiscales tienen que esclarecerlas previamente, como si les sobrara el tiempo. Y todo por las puras.
Por todo ello propongo profesionalizar (despolitizar) todas las instituciones del Sistema de Justicia Peruano. Validar títulos académicos y certificados de trabajo de todos sus funcionarios (título o certificado trucho, ¡fuera!). Someter a todos los funcionarios del Sistema de Justicia a pruebas de evaluación psicológica y de conocimientos (el que sabe, sabe. El que no, a su casa). Reclutar solo a los mejores estudiantes de las mejores universidades (no se aceptan jueces y fiscales de universidades truchas). Imponer la meritocracia a todo nivel (cero tarjetazos). Medir el rendimiento de los magistrados a través de indicadores de eficacia y consistencia (juez que tarda más de la cuenta, o que falla así o asá en función del procesado, ¡fuera!).
La idea es limitar las denuncias maliciosas en todo el país, proteger a los buenos funcionarios públicos y liberar al Sistema de Justicia de tanta carga procesal sin sustento. Estas son propuestas para reformar el malogrado Sistema de Justicia Peruano y para cortarle las alas a los denunciantes maliciosos, corruptos, hipócritas y miserables.
(*) Exgobernador regional de Ica
