
Diagnosticar que vivimos en un Estado Colador es doloroso, pero necesario. Sin embargo, la indignación sin propuesta es solo ruido. Si ya aceptamos que nuestras instituciones son hoy el principal activo del “Holding del Crimen”, la pregunta urgente no es qué nos pasó, sino cómo diablos salimos de esta. La respuesta no vendrá de más estados de emergencia ni de fotos con chalecos antibalas; vendrá de una cirugía mayor a la estructura misma del poder.
Para dejar de ser un colador, el primer paso es recuperar la soberanía de los datos. No podemos combatir lo que el Estado se niega a ver. Mientras la inteligencia estratégica sea un botín político usado para perseguir a figuras como López Chau mientras se ignora el flujo de 680 toneladas de cocaína, el crimen seguirá ganando por goleada. Necesitamos una autonomía real en los entes de control; que la UIF y la DIRANDRO respondan a resultados técnicos y no a la llamada telefónica de un ministro de turno.
En segundo lugar, hay que asfixiar la logística. El crimen organizado no es una horda de salvajes; es una corporación. Si el 85% de la droga sale por los puertos, la solución no está en los paraderos de buses, está en los muelles. Blindar el Callao y Paita con tecnología no manipulable y purgar las aduanas no es una opción, es una emergencia. Si le quitas al Holding la capacidad de exportar, le quitas el incentivo de operar en el Perú.
Tercero, debemos enfrentar la cleptocracia desde el bolsillo. El banquero de San Isidro que lava activos y el político que extiende el REINFO para la minería ilegal deben sentir el peso de una justicia que hoy solo castiga al sicario de 18 años. La impunidad se rompe cuando el costo de ser corrupto es más alto que el beneficio de la coima. Necesitamos una reforma del sistema de justicia que deje de ser un “escudo legal” para los de arriba.
Finalmente, salir del estado colador requiere presencia social. En un país con 29% de pobreza, el crimen organizado llena los vacíos que el Estado abandona. Si no hay inversión real, salud y educación en las zonas críticas, el “paternalismo criminal” seguirá reclutando a nuestros jóvenes.
Tapar los huecos del colador no es un acto de magia, es un acto de voluntad política que hoy parece inexistente. El cambio no vendrá de quienes se benefician del goteo, sino de una ciudadanía que exija que el Estado vuelva a servir al ciudadano y no al holding. Es hora de dejar de ser el muelle de carga del crimen y volver a ser una nación.
(*) Marketing 5.0 I análisis político moderno I humanización con propósito

