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Plan Bukele: así redujo los asesinatos a cero

Las medidas que llevaron a El Salvador de ser el país más violento del mundo a uno de los más seguros

Durante décadas, El Salvador cargó con el estigma de ser una de las naciones más violentas del planeta, un territorio asfixiado por el control territorial de estructuras criminales transnacionales como la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18. Sin embargo, tras la llegada de Nayib Bukele a la presidencia, los asesinatos han bajado de 2,398 en 2019, 82 en 2025 y cerca de diez meses sin homicidios en 2026, lo cual ha convertido al país centroamericano en uno de los más pacíficos del mundo.

Hoy, la nación exhibe cifras de criminalidad sin precedentes históricos en el mundo, sostenidas por una reingeniería radical y severa del sistema penitenciario y, de manera determinante, la implementación del régimen de excepción iniciado en marzo de 2022.

“GUERRA CONTRA

LAS PANDILLAS”

La transformación en las cifras de violencia letal es el pilar sobre el cual se sustenta la popularidad del modelo gubernamental de Bukele. En 2015, bajo administraciones anteriores, El Salvador registró un pico devastador de 6,656 asesinatos, lo que se traducía en una tasa escalofriante de 103 homicidios por cada 100,000 habitantes, consolidándose como el país más peligroso del mundo fuera de una zona de guerra declarada.

Con la implementación de las políticas de seguridad y la «Guerra contra las pandillas», la curva descendió de forma vertical. Las estadísticas oficiales revelan que la tasa de homicidios pasó de 38 por cada 100,000 habitantes en 2019 —año en que asumió Bukele— a un mínimo histórico de 1.3 por cada 100,000 habitantes, cerrando el 2025 con apenas 82 asesinatos en todo el territorio nacional. ¿Y en 2026? Van cerca de diez meses con cero homicidios.

MÁS DE 120 MIL RECLUSOS

Organismos internacionales y el propio Ejecutivo señalan que este desplome transformó radicalmente la vida cotidiana en comunidades que antes estaban sitiadas por el cobro de extorsiones, desapariciones forzadas y homicidios selectivos.

Este desplome de la criminalidad callejera vino acompañado de una detención masiva sin precedentes. Las autoridades reportan que el sistema penitenciario salvadoreño alberga a más de 120,956 personas privadas de libertad, lo que elevó la tasa de encarcelamiento a niveles récord globales.

Del total de la población carcelaria, cerca de 96,457 reclusos están directamente vinculados o fichados como miembros de estructuras de pandillas, mientras que el resto se divide entre procesados por delitos comunes y colaboradores de las redes criminales.

CECOT: LA MEGACÁRCEL

Para lidiar con esta cantidad de reclusos, el Estado reestructuró la infraestructura carcelaria, dividiéndola en centros de admisión, preventivos, granjas penitenciarias, centros de cumplimiento de penas y establecimientos de máxima seguridad.

La piedra angular de este sistema es el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), una megacárcel construida específicamente para aislar a los cabecillas de alta peligrosidad y miembros de jerarquía de las pandillas. Esta instalación opera bajo un régimen de máxima seguridad estricta: celdas de aislamiento de concreto y acero, iluminación artificial permanente, restricciones absolutas de visitas y cero contacto con el exterior, diseñada para impedir que los líderes continúen operando redes criminales desde el interior de los penales.

SIN SALIDAR AL SOL

El régimen carcelario en las prisiones salvadoreñas se caracteriza por la pérdida total de los privilegios que históricamente poseían los líderes de maras (como celulares, televisores, drogas y control interno de los pabellones). El control estatal es absoluto y se rige bajo estrictos protocolos de disciplina militarizada.

Dentro de las prisiones, los internos se clasifican rigurosamente según su peligrosidad y grado de vinculación con las estructuras criminales:

Mandos altos y pandilleros incorregibles: Recluidos en módulos de máxima seguridad como el CECOT, bajo un encierro permanente sin salidas al sol ni programas de inserción temprana.

Colaboradores y reos de bajo perfil: Un segmento estimado en más de 10,000 personas cuyas carpetas judiciales y grados de participación son sometidos a procesos de revisión para definir su situación jurídica o su posible tránsito hacia esquemas de reinserción controlada.

 

Presos trabajan con el Plan Cero Ocio

 Como contraparte al encierro de máxima seguridad para perfiles violentos, el gobierno de El Salvador implementó el Plan Cero Ocio, un programa de trabajo y rehabilitación enfocado en reclusos cuyos delitos no están catalogados dentro de la estructura directa de homicidios o para aquellos bajo evaluación de colaboración.

A través de este programa, decenas de miles de reclusos participan diariamente en jornadas de labor comunitaria y productiva dentro y fuera de los muros de las prisiones. Trabajan en construcción y mantenimiento de obras (colegios, hospitales, comisarías), labores agrícolas y talleres de manufactura de textiles, zapatos y bloques de concreto.

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