Opinión

Perukistán

Por: Alberto Bajak

La democracia peruana en la historia republicana ha sido ultra­informal. En políticas públicas siempre hubo improvisación, espontaneidad y repentinismo sin planificación previa. Los ejecutores de grandes planes proactivos fueron Ramón Castilla, el gran ordenador del Estado; Manuel Pardo y Lavalle, que priorizó la educación pública; y Augusto B. Leguía con “La Patria Nueva”. Odría y Fujimori pusieron su cuota. Después, hay poco que contar.

En resumen, la negligencia gubernamental en avizorar coyunturas difíciles nos ha convertido en una república chicha, y los números lo confirman: 76% de informalidad nacional. Esto genera pobreza hasta en la sopa.

Por ello, ante la anatomía peruana de la precariedad gubernamental, debemos alertar de un peligro inminente: nuestras fronteras son una auténtica coladera.

Ser una nación con características de liviandad y falta de autoridad nos convierte en objetivo mayor de una masiva migración magrebí de dominación y control sin oposición.

Ejemplos patéticos de fragilidad fronteriza: el mar de Grau, lleno de depredadores chinos, y el desastre de la apertura pepekausista a la migración venezolana.

Debemos advertir que la población musulmana en América Latina aumentó a 750.000 prosélitos en 2020, progresiva e indetenible. El gota a gota que horada la piedra.

La socialista Brasil mantiene la exención de visa para marroquíes; y Perú, gracias al impresentable Balcázar, les otorgó una exoneración para su ingreso discrecional.

Las redes transnacionales que facilitan el ingreso irregular de migrantes musulmanes provienen de Oriente Medio, bajo redes de contrabando y falsas agencias de viajes que recaudan millones a cambio de asimilación.

Por ello, Estados Unidos está siendo invadido política y demográficamente. Reino Unido y Francia son casi musulmanes. España, RIP.

Si no ajustamos los filtros de migración regulatoria contra futuras invasiones o califatos de dominación social y jurisdiccional, estaremos perdidos. Urge una estrategia de defensa de la identidad cristiana, estricto control de fronteras y restricciones de visado. Ningún flujo extraño o perturbador que destruya la peruanidad.

Lo que se trata es de salvaguardar correctamente la débil democracia de un país que podría irse al descalabro debido a una masiva migración o invasión descontrolada tipo Ceuta, bajo patrones desenfrenados de imposición o radicalización ideológica, religiosa, cultural o extremista que culmine en la República de Perukistán.

(*) Analista político

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