
Pero la velocidad con la que opinamos no siempre va acompañada del mismo interés por conocer los hechos completos.
Según una encuesta de Datum, el 72 % de peruanos considera que la difusión de información falsa o poco verificada es un problema cada vez más frecuente. Esta percepción refleja una realidad que se ha vuelto común en un entorno donde compartir contenido resulta más fácil que detenerse a comprobar su veracidad.
Muchas veces formamos una opinión basándonos únicamente en fragmentos de información, porque las noticias suelen llegar resumidas, descontextualizadas o acompañadas de interpretaciones que pueden influir en nuestra percepción. Como consecuencia, terminamos sacando conclusiones apresuradas sobre asuntos que, en realidad, son mucho más complejos de lo que parecen.
Las redes sociales han facilitado el acceso a la información, pero también han multiplicado la cantidad de contenidos que circulan sin ningún tipo de verificación, lo cual provoca que rumores, especulaciones o versiones incompletas alcancen una difusión similar a la de información elaborada por fuentes confiables.
Creo que el problema no radica en que las personas opinen, porque expresar puntos de vista forma parte de una sociedad democrática y abierta, sino que lo preocupante aparece cuando dejamos de valorar la importancia de informarnos adecuadamente antes de emitir juicios que pueden influir en otras personas o contribuir a la difusión de información equivocada.
Además, la costumbre de reaccionar de manera inmediata reduce el espacio para el análisis, ya que muchas veces comentamos, compartimos o criticamos contenidos apenas los vemos, sin dedicar unos minutos a revisar su origen, contrastar versiones o conocer los antecedentes necesarios para comprender mejor la situación.
Esto no significa que todos debamos convertirnos en especialistas sobre cada tema, pero sí asumir una actitud más responsable frente a la información que consumimos y difundimos, porque después de todo, una opinión informada siempre aporta más al debate que una reacción construida únicamente sobre impresiones momentáneas.
Por eso, antes de compartir una noticia o sumarnos a una discusión, quizá convenga hacernos una pregunta sencilla: ¿realmente conozco los hechos o solo estoy reaccionando a lo que vi primero? Opinar es un derecho de todos, pero informarse es otra historia.
(*) Mg. CPC y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima