Opinión

No todo incremento del PBI es bueno

Por: Fernando Cillóniz Benavides

El Producto Bruto Interno (PBI), o Producción Bruta Interna, de un país crece en la medida que aumenta la inversión. A más inversión en carreteras y puertos, más PBI. A más inversión en viviendas, hospitales y escuelas, más PBI. A más inversiones en minería, agricultura, pesca, industria, turismo y servicios, más PBI.

No obstante, lo mejor del crecimiento del PBI viene después de la inversión. Efectivamente, después de todo proceso de inversión vienen las fases de la producción. La producción de todo tipo de bienes y servicios. De ahí que la “P” de PBI significa “Producto o Producción”. Productos que, para producirse (valga la redundancia), demandan una variada gama de insumos y servicios. Sobre todo, servicios de trabajadores: obreros, empleados, técnicos, profesionales, ingenieros, abogados, administradores, financistas, comerciantes, gerentes, directores.

Por eso es bueno que la política promueva las inversiones de todo tipo. Pero no todo PBI es bueno. Por ejemplo, la inversión en la Refinería de Talara. Un monstruo que demandó una inversión de US$ 6,500 millones (o más) y que quebró a Petroperú.

Entonces, seamos sinceros. El PBI de nuestro país está inflado (1) por la sobrevaloración de los costos de muchos proyectos estatales, (2) por el pago de coimas y sobornos, (3) por las inversiones en obras inútiles y (4) por obras inconclusas y abandonadas.

Pero eso no es todo. A propósito de la clamorosa delincuencia que vivimos los peruanos, todo lo que gastamos en seguridad también incrementa el PBI de nuestro país.

¿Cuán productivos son esos gastos en seguridad? La respuesta es “cero”. Peor aún: “menos cero”. ¿Qué hacer frente a tanta inseguridad y podredumbre? Pues corregir, de raíz, la causa de todo este desmadre, el cual ha sido generado por gente corrupta e inepta.

Mi diario vivir en el Gobierno Regional de Ica, en el período 2015/2018, fue muy aleccionador. Cuando detectamos un acto de corrupción, el mayor problema estuvo en el mal entendido “espíritu de cuerpo” al interior de la institución.

Para sancionar a algún funcionario corrupto tenían que estar alineados (1) la Secretaría Técnica, que es órgano investigador y sancionador de los malos funcionarios, (2) la jefatura de Recursos Humanos y (3) la jefatura inmediata superior del funcionario en cuestión. Si uno de los tres estamentos administrativos flaqueaba, no había sanción.

No obstante, cuando la trilogía, Secretaría Técnica, Recursos Humanos y Jefatura Administrativa, funcionaba como correspondía, la sanción se aplicaba de acuerdo con la ley, la disciplina laboral se restablecía con normalidad y, lo que era mejor, el servicio público mejoraba. Muchos indicadores de servicios y producción regionales, salud, educación, transportes, agricultura, minería, turismo, etc., pueden dar fe de ello.

Conclusión: Solo con gente honesta saldremos de este desmadre burocrático y moral. Gente competente tenemos, y mucha. No hay que cambiar ninguna Constitución, ni ninguna ley o política pública.

Promovamos las inversiones, sobre todo privadas, en todos los sectores productivos y de servicios. Incluso, en infraestructura de servicios públicos: carreteras, ferrovías, puertos, reservorios y redes de agua, hospitales, escuelas y demás. No creemos más instituciones anticorrupción porque no sirven para nada. Lo único que hay que cambiar es la moral de nuestra gente.

(*) Exgobernador regional de Ica

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