
He escuchado a varios políticos repetir que los congresistas vinculados a Sendero Luminoso que ya están en el Parlamento “se van a aburguesar”. Esa frase me recuerda las palabras del expresidente Fernando Belaunde Terry, quien en su momento minimizó la amenaza terrorista refiriéndose a ellos como “abigeos”. El error fue el mismo: subestimar a quienes nunca dejaron de tener una línea política clara y que llevan décadas preparándose para este momento.
Basta revisar la trayectoria pública de cada uno de ellos, hoy en el Congreso, para entender que no han venido a moderarse. Han firmado, participado y defendido abiertamente al Movadef y otros organismos que funcionan como fachada de Sendero Luminoso. Su comportamiento al juramentar, sus discursos y sus alianzas no dejan lugar a dudas: siguen aplicando el plan de “construcción del partido”, ahora desde las curules del Congreso. El tiempo dirá si me equivoco o si esta advertencia era correcta.
Culpar únicamente a los líderes de los partidos por un “mal filtro” es un pretexto cómodo y falso. Sabían perfectamente a quiénes llevaban en sus listas. Lo hicieron por puro cálculo electoral: sumar votos de donde fuera, aunque vinieran de quienes durante décadas usaron la violencia para intentar destruir el Estado peruano. El caso de Roberto Sánchez es emblemático: públicamente ha señalado que indultaría a Guillermo Bermejo, condenado por afiliación terrorista. Lo mismo ocurre con quienes defendieron o minimizaron la cercanía de Pedro Castillo con esa misma línea, advertencia que hicimos a tiempo y que su propio accionar en el gobierno terminó por confirmar. No seamos ingenuos: estos indultos buscan sumar fuerzas para la desestabilización futura.
No es casualidad que muchos de estos personajes tengan su origen o fuerte influencia en el sector educación. Allí es donde Gramsci recomendó instalar la hegemonía cultural. Parte de esta estrategia se refleja también en artistas —sin necesidad de nombrarlos, sabemos quiénes son— que, a través de caricaturas, canciones, murales y obras, redefinen la historia, romantizan la violencia terrorista o presentan a sus actores como “luchadores sociales”. Dentro de su “línea política”, promueven términos como “conflicto armado interno” en lugar de terrorismo y buscan instalar un nuevo sentido común en las aulas y en la opinión pública. No es ingenuidad: es estrategia.
Por eso, desde esta columna propongo algo concreto y necesario: antes de juramentar, estos congresistas deben declarar públicamente que todo lo señalado es falso y firmar un compromiso formal de renunciar de manera expresa e irrevocable al “Pensamiento Gonzalo”, a cualquier vínculo con organizaciones que lo promuevan y a cualquier forma de justificación del terrorismo. Quien se niegue, que asuma las consecuencias políticas y jurídicas que correspondan. La ciudadanía peruana no puede seguir tolerando que quienes intentaron destruir la democracia por las armas ahora intenten conquistarla desde dentro mediante la hegemonía cultural. El filtro no lo deben poner los partidos. Lo debe poner el pueblo, con memoria, con verdad histórica y con exigencia de coherencia.
Es hora de dejar de ser ingenuos. O están con el Perú democrático o están con la línea que nunca se rindió.
(*) Exdirector de Inteligencia (DINI) y exjefe de la DIRCOTE
