Opinión

Nadie es profeta en su tierra

Por: Fernando Cillóniz Benavides

J amás imaginé el chorro de elogios que nuestra agricultura exportadora está generando en Chile, en estos momentos de la historia. Ojo, Chile fue, durante mucho tiempo, una de las principales potencias frutícolas a nivel mundial. Y, sin duda, la máxima potencia frutícola del hemisferio sur. Más que Brasil y Argentina, más que Sudáfrica, y también más que Australia y Nueva Zelanda.

Hoy, aunque les duela en el alma a los detractores de nuestra agricultura empresarial, Perú superó a Chile en materia de exportaciones frutícolas y hortícolas. Ergo, somos potencia frutícola mundial. No. 1 en arándanos, No. 1 en uvas de mesa, No. 2 en paltas, y así por el estilo en varios otros cultivos. ¡Increíble! Digo esto porque hace poco estuve por allá, invitado a participar en el “Agro Trade Chile 2025”. Ciertamente, el tema que les interesaba era saber cómo había hecho el Perú para crecer tan rápida y sostenidamente en materia agroexportadora.

Entonces, les conté el cuento del fracaso estrepitoso de la Reforma Agraria de Velasco. Luego les conté lo positivo que resultó la Constitución Política del Perú del año 1993 y la Ley de Promoción Agraria del año 2000.

Aproveché la ocasión para destacar la gran labor que ejerció el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA). En cuanto a las cifras, no fue necesario mostrárselas. Lo sabían todo. Sabían que el año pasado exportamos más de US$ 12 300 millones en productos agrícolas, y que en este 2025 superaremos los US$ 15 000 millones.

La verdad, me sentí gratamente sorprendido por el reconocimiento unánime, de parte de los agricultores chilenos, respecto de nuestros méritos por haber logrado tan buenos resultados agronómicos en tan corto tiempo.

Ya de vuelta al barrio, tuve que recurrir al evangelista, autor de la famosísima expresión proverbial: “Nadie es profeta en su tierra” (Lucas 4, 24). ¿Por qué, teniendo tan buena reputación agroexportadora en Chile, y en todo el mundo en realidad, tenemos tantos detractores en nuestro país? Claramente, se trata de un problema de envidias, rencores, enemistades. Por ahí va la explicación.

¿Qué hacer al respecto? Nada. ¿Para qué perder tiempo? Incluso, ¿para qué gastar pólvora en gallinazos? Simplemente hay que tirar para adelante y zurrarnos en los comentarios negativos, y muchas veces falsos, de los envidiosos y rencorosos de siempre.

Vamos más bien con el aumento de las remuneraciones de los trabajadores del campo. Bien por ellos y sus familiares. Vamos con la reducción de la pobreza en las regiones agroexportadoras. Vamos con el desarrollo y progreso del sinnúmero de proveedores de bienes y servicios que dependen del desarrollo y crecimiento de nuestro sector.

Y en cuanto a temas pendientes, vamos con la siembra y cosecha de agua en la sierra. Es decir, dotemos de agua todo el año a nuestras cuencas hidrográficas, desde lo más alto de nuestra cordillera hasta las tierras bajas de nuestra costa, cercanas al mar.

A ese respecto, ¿qué le pasa al Ministerio de Agricultura que no redacta el pinche reglamento de la Ley de Canon Hídrico? Ley 31720, promulgada en abril de 2023, precisamente para compensar a las poblaciones altoandinas con parte de los impuestos que pagan las empresas agroexportadoras de la costa. Más de dos años sin redactar un texto sencillo que le generaría a la sierra recursos económicos, a perpetuidad, para construir cientos de miles de pequeños y medianos reservorios para su agricultura y ganadería.

(*) Exgobernador regional de Ica.

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