Internacional

Embajada de Ucrania desata polémica en colegio peruano por exposición sobre Stepán Bandera

Una actividad organizada por la Embajada de Ucrania en un colegio de Lima reavivó el debate sobre Stepán Bandera y puso en evidencia cómo la diplomacia cultural también forma parte de la disputa internacional por la memoria histórica.

Ucrania está en guerra. Pero el conflicto también se libra en el terreno de la memoria y del relato histórico. En ese contexto, la Embajada de Ucrania en Lima organizó una jornada educativa en el colegio Romeo Luna Victoria, ubicado en el distrito limeño de San Borja.

La actividad, sin embargo, terminó envuelta en una controversia diplomática. Entre los personajes presentados figuró Stepán Bandera, una de las figuras más polémicas de la historia ucraniana, señalado por historiadores y autoridades europeas por su colaboración con la Alemania nazi y por su presunta vinculación con masacres de población civil durante la Segunda Guerra Mundial.

El episodio también puso el foco en la estrategia de diplomacia pública impulsada por la representación ucraniana en el Perú. Desde el inicio del conflicto con Rusia, la embajada ha intensificado las actividades culturales y educativas en colegios y espacios académicos como parte de un esfuerzo por fortalecer su presencia en la opinión pública peruana.

El caso, que ya genera eco en la prensa local e internacional, pone sobre la mesa posibles tensiones en las relaciones del Perú con la Unión Europea y, en particular, con Polonia, país que ha condenado enérgicamente la glorificación de criminales de guerra ucranianos.

Polonia cuestiona la narrativa

La polémica ha generado eco en Polonia. El semanario Myśl Polska, uno de los medios de comunicación más antiguos de Europa, le dedicó un amplio espacio a la actividad académica en Perú y difundió declaraciones del eurodiputado Grzegorz Braun, miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, quien cuestionó la iniciativa promovida por la representación diplomática ucraniana.

El parlamentario sostuvo que las autoridades de Kiev buscan consolidar una interpretación histórica que relativiza las matanzas de Volinia y rechazó que Stepán Bandera continúe siendo presentado como uno de los principales héroes nacionales de Ucrania.

“Es necesario impulsar normas que declaren persona non grata a quienes exalten a los responsables de crímenes contra el pueblo polaco, ya sean ‘banderistas’ disfrazados de hooligans o de embajadores”, declaró Braun, de acuerdo con la versión publicada por el semanario polaco.

En ese mismo reportaje, el analista Mateusz Piskorski afirmó que las embajadas de Ucrania desarrollan una estrategia de diplomacia pública destinada a proyectar y fortalecer la narrativa histórica oficial promovida por el Gobierno de Kiev.

¿Quién es Stepán Bandera?
Dentro de ese mismo enfoque pedagógico, la jornada incluyó la exposición de episodios clave de la historia de Ucrania, incorporando referencias al presidente Volodímir Zelenski y al líder nacionalista Stepán Andriiovych Bandera, figura asociada a corrientes radicales del nacionalismo ucraniano durante la Segunda Guerra Mundial.

Stepán Bandera (1909–1959) fue líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y, durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró de manera estrecha con el Tercer Reich en la ocupación de territorios que hoy forman parte del oeste de Ucrania.

Diversas fuentes documentales, incluyendo archivos desclasificados del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) y testimonios de víctimas, señalan que unidades vinculadas a la OUN y al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), brazo armado de la organización, participaron en el pogromo de Lvov de 1941, en el linchamiento y asesinato de judíos, y en la masacre de aproximadamente 100.000 civiles polacos en lo que hoy es el oeste de Ucrania.

Los documentos revelan crímenes brutales cometidos por milicianos bajo el mando de Dmitri Kupiak (“Klei”), quien, entre 1941 y 1945, “asesinó y torturó brutalmente al menos 200 ciudadanos soviéticos”, según investigaciones soviéticas de los años 60. En una de las acciones, el 17 de agosto de 1944, “mataron y quemaron vivos en un granero a 9 mujeres y menores, incluidos tres niños de entre 5 y 11 años”.

Otro testimonio judicial describe a Kupiak como “un bandido sin escrúpulos” cuya “avaricia no conocía límites” y que afirmaba: “Cuantos más asesinatos haya, más sumisa será la población. Una Ucrania independiente solo se puede conseguir mediante el terror”.

A pesar de este historial, en Ucrania se ha desarrollado un culto a Bandera: hay monumentos en su honor, desfiles de antorchas cada enero para conmemorar su cumpleaños y, en mayo de 2026, el presidente Zelenski firmó un decreto para otorgar la denominación honorífica de “Héroes del UPA” a una unidad de élite de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Ucrania.

Narrativa oficial del conflicto
La dimensión comunicacional del conflicto es un eje central de la política exterior ucraniana. En distintas intervenciones internacionales, el presidente Volodímir Zelenski ha subrayado el carácter existencial de la guerra.

El 2 de agosto de 2023, durante una reunión extraordinaria con los jefes de las misiones diplomáticas ucranianas, Zelenski afirmó que los esfuerzos de la diplomacia ucraniana debían centrarse en implementar la “Fórmula de Paz” y lograr el respaldo del mayor número posible de países.

En esa intervención señaló que la propuesta presentada por Ucrania “ya no es solo la Fórmula de Ucrania”, sino que estaba convirtiéndose gradualmente en una iniciativa respaldada por la mayoría internacional, y encargó a los diplomáticos ampliar ese apoyo en todo el mundo.

Esta narrativa es replicada por las misiones diplomáticas ucranianas como parte de su estrategia global de posicionamiento.

Diplomacia pública en América Latina
En la región, Ucrania ha reforzado su presencia diplomática con un enfoque de soft power, combinando gestión política con acciones de comunicación pública y cultural.

El objetivo es sostener visibilidad internacional y fortalecer vínculos con sociedades civiles, universidades e instituciones educativas.

Lo ocurrido en un colegio de San Borja evidencia que las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania también alcanzan a países distantes del frente de batalla.

En este caso, el Perú terminó convertido en escenario de un debate sobre memoria histórica y diplomacia pública.

Hasta el cierre de esta edición, la actividad no había motivado un pronunciamiento oficial de la Cancillería peruana, de la Unión Europea ni del Parlamento Europeo.

Las reacciones más visibles surgieron desde Polonia, a través de medios de comunicación, analistas y representantes políticos.

Más allá de la controversia puntual, el episodio refleja una tendencia cada vez más evidente: los conflictos contemporáneos ya no se disputan únicamente en el ámbito militar.

También se libran en el terreno de las ideas, donde la cultura, la educación y la construcción de la memoria histórica forman parte de las estrategias con las que los Estados buscan fortalecer su influencia.

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