
Quienes pasamos las cinco décadas, hemos tenido el privilegio de ver cambios profundos en el mundo en que vivimos. Por ejemplo, en las comunicaciones hemos sido favorecidos con los cambios en las comunicaciones, desde el sistema analógico al digital y, en las comunicaciones personales, así como empresariales y sociales, hemos pasado de la epistolar, en nuestro caso con el mecanismo del antiguo correo documentario, pasando por el telegrama, el cablegrama, el fax y, por supuesto, el actual escaneo documentario a través de la computadora, pudiéndose hasta celebrar contratos y acuerdos con tal reciente tecnología.
El mundo, en cuanto al ejercicio del poder, también está cambiando. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, nuestro globo terráqueo pasó a ser bipolar. Por un lado, con el liderazgo de EE.UU., secundado por la Europa Occidental con los acuerdos en la OTAN (NATO) y, por el otro lado, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que amplió la antigua Rusia.
Con el correr de los años y con la desmembración de la URSS, que dio paso a la Federación Rusa, esta última perdió liderazgo y fuerza, quedando los Estados Unidos de América (USA) liderando al mundo unipolar y convertido en el gran sheriff del universo. Con el desarrollo industrial de la República China y la ampliación de su comercio a nivel mundial, así como su planificación de un país con dos sistemas, China entró a ser partícipe del poderío mundial y la recuperación de la Federación Rusa convirtieron al mundo en tripolar. Tan es así que parecería ser que, con los sucesos de Venezuela y la intervención norteamericana en el país llanero, habría un acuerdo bajo la mesa para que Rusia no sea confrontada por su controversia armada con Ucrania, China no sea cuestionada por sus pretensiones respecto a Taiwán (Taipéi) y los Estados Unidos por su paternalismo respecto de las naciones al sur de aquel.
Ahora, EE.UU. —bajo el mando de Donald Trump— pretende ampliar su liderazgo y apela a órdenes, amenazas, avances y retrocesos en infinidad de aspectos, inclusive los comerciales, con aumento de aranceles y terminando con la direccionalidad al libre comercio mundial. También desligándose de ser el guardián de Europa, que en el futuro tendrá que solventar su propia defensa, lo que podría incorporarla en el rubro de las áreas hegemónicas, en que también quisieran participar los países árabes de ascendencia islámica, que están ampliando su presencia en la Europa tradicional, con resultados de los que quizás nuestros coetáneos lograrán dar testimonio.
Evidentemente, la influencia de los países a los que nos hemos referido, en las áreas en que participan, nos pone ante nuevos retos diplomáticos, para ser recipiendarios de inversiones de todas partes del mundo, pero impidiendo que ellas influyan en nuestra política interna y no nos hagan secundar aventuras bélicas ni de ninguna otra naturaleza.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros

