Más de 20 peruanos fallecieron en la guerra entre Ucrania y Rusia

Informes y organismos internacionales alertan sobre la expansión de tecnologías militares y las investigaciones sobre posibles nexos entre combatientes extranjeros y organizaciones criminales.
La reciente elección presidencial de 2026 volvió a mostrar un país fragmentado. Un sector votó por la derecha, otro por la izquierda y millones de ciudadanos rechazaron a ambos bloques.
Sin embargo, detrás de esa polarización existe un problema aún más profundo: la incapacidad del Estado para ofrecer oportunidades y construir consensos que permitan afrontar los desafíos de largo plazo.
Los resultados electorales no solo reflejan una disputa política. También evidencian el fracaso de sucesivos intentos de reforma que prometieron modernizar el Estado peruano, fortalecer la representación política y reducir las profundas brechas sociales que dividen al país.
La discusión sobre una nueva Constitución, impulsada con fuerza en los últimos años, tampoco logró generar acuerdos ni traducirse en cambios concretos.
Peruanos en el frente de batalla
Uno de los síntomas más preocupantes de esta situación ha aparecido lejos de las urnas. En los últimos años, decenas de ciudadanos peruanos terminaron involucrados en la guerra entre Ucrania y Rusia.
Algunos fueron captados mediante falsas ofertas de trabajo, mientras que otros se enrolaron en la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania, conocida como la Legión Extranjera de las Fuerzas Armadas ucranianas.
Varios de ellos ya han fallecido en combate, un fenómeno que ha encendido las alarmas en la Cancillería peruana.
El canciller Carlos Pareja lanzó una advertencia pública a los jóvenes peruanos ante el avance de estas redes de captación: “No se dejen engañar por organizaciones que tratan de reclutar a los jóvenes para que vayan a la guerra con excusas en que van a ir para tareas de seguridad, cocina u otra tarea y luego los hacen firmar contratos para que vayan al conflicto”.
Las cifras son preocupantes. El abogado Percy Salinas, representante de varias familias afectadas, informó que al menos 20 peruanos habían fallecido en el conflicto hasta mayo de este año.
Además, denunció la existencia de centenares de casos de connacionales desaparecidos o cuyo paradero sigue siendo incierto.
Según las denuncias presentadas por familiares, muchos de los reclutados aceptaron propuestas laborales que prometían salarios de miles de dólares mensuales y trabajos alejados de las zonas de combate.
La realidad terminó siendo muy distinta. Otros peruanos, en cambio, se incorporaron directamente a las fuerzas ucranianas y terminaron participando en operaciones militares en el frente.
La otra amenaza
Las consecuencias del conflicto también han despertado preocupación entre especialistas en seguridad.
Un informe de Forecast International, una consultora estadounidense especializada en defensa, advierte que grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación han perfeccionado el uso de drones armados y sistemas de vigilancia inspirados en tácticas observadas en la guerra de Ucrania.
Al mismo tiempo, una investigación del medio francés especializado en inteligencia Intelligence Online reveló que las autoridades ucranianas investigan la presencia de mercenarios hispanohablantes sospechosos de tener vínculos con organizaciones criminales latinoamericanas.
Las pesquisas buscan determinar si algunos de ellos intentaron aprovechar su paso por el frente para adquirir experiencia en el manejo de drones FPV y otras tecnologías militares.
Aunque expertos europeos sostienen que no existen pruebas concluyentes de que armas suministradas por Occidente a Ucrania hayan terminado en manos de cárteles mexicanos, organismos y analistas internacionales mantienen la preocupación por el riesgo de tráfico ilegal de armas y transferencia de capacidades militares hacia redes criminales.
El caso refleja cómo un conflicto a miles de kilómetros puede tener repercusiones que alcanzan incluso a América Latina.
Un problema más grande que una elección
El fenómeno ha sido interpretado por diversos analistas como una señal de las debilidades estructurales que arrastra el país.
La falta de empleo de calidad, la informalidad y la escasa confianza en las instituciones crean condiciones para que organizaciones criminales o redes internacionales encuentren personas dispuestas a asumir riesgos extremos.
A ello se suma el avance de la inseguridad ciudadana. De acuerdo con cifras de la Policía Nacional del Perú, entre enero y abril de 2026 se registraron 696 homicidios y 4.214 denuncias por extorsión, delitos que continúan afectando a miles de familias en todo el país.
Mientras tanto, las grandes reformas prometidas por sucesivos gobiernos siguen sin concretarse. La discusión sobre una nueva Constitución, la modernización del Estado o el fortalecimiento de los partidos políticos no ha logrado traducirse en cambios capaces de reducir la brecha entre las instituciones y los ciudadanos.
La reforma que sigue pendiente
La elección de 2026 volvió a mostrar un país dividido. Pero el verdadero desafío no pasa únicamente por quién llegue al Palacio de Gobierno.
La pregunta de fondo es si el Perú será capaz de impulsar las reformas estructurales que durante décadas han quedado atrapadas en disputas políticas.
Mientras eso no ocurra, problemas como la crisis de representación, el crimen organizado, la falta de oportunidades y el reclutamiento de peruanos para la guerra en Ucrania seguirán recordando que las fracturas del país van mucho más allá de una campaña electoral.
La historia reciente demuestra que los cambios de gobierno, por sí solos, no han sido suficientes para corregir esas debilidades.
La división reflejada en las urnas es apenas la manifestación más visible de un problema más profundo: un país que sigue buscando una fórmula para fortalecer sus instituciones y ofrecer mejores oportunidades a sus ciudadanos.

