Opinión

Los alcaldes de Lima (II)

Por: Martín Valdivia Rodríguez

Resulta paradójico que el exalcalde de Lima, Jorge Muñoz, haya estado exigiendo, con energía y aparente autoridad, la vacancia del presidente Castillo y al final el vacado fue él. Su caso demuestra la informalidad con que muchas personas, incluso profesionales como él, que es abogado, toman los asuntos políticos. Y, de paso, su salida del cargo, a ocho meses de culminar su mandato, ha hecho que vecinos de Lima, la prensa y sus detractores pongan los reflectores en su gestión municipal. La mayoría coincide en que Muñoz se fue sin pena ni gloria.

En realidad, las gestiones de los últimos alcaldes de Lima son de ingrata recordación. Y como ocurre con todos los expresidentes, los burgomaestres metropolitanos, desde el 2010 hasta Muñoz, han tenido problemas legales. El difunto Luis Castañeda Lossio estuvo en prisión por el caso Odebrecht y su sucesora, Susana Villarán, también pisó la cárcel, luego tuvo arresto domiciliario y ahora cumple la medida de comparecencia restringida, igualmente, en un proceso por presuntamente haber recibido aportes de dicha constructora y de la también empresa brasileña OAS.

Los alcaldes de Lima de gestiones más recordadas y celebradas datan desde Eduardo Orrego, al que nos referimos ayer, hasta Alberto Andrade Carmona. De este último, quien antes también había sido burgomaestre de Miraflores, como Muñoz, prácticamente le cambió la cara a la capital. En las redes han empezado a circular, precisamente, videos del día en que Alberto Andrade pronunció la frase “¡Adelante, carajo!”, arenga que resonó la madrugada del 14 de mayo de 1997, cuando dio inicio al reordenamiento del comercio ambulatorio en el Mercado Central y Mesa Redonda junto al personal del Serenazgo.

Además de la recuperación del Centro Histórico, Andrade remodeló y puso en valor comercial las plazas San Martín, Italia, Ramón Castilla, Paseo de los Héroes Navales, Parque Universitario y Plaza de Armas; ejecutó importantes obras viales, y reorganizó el Servicio de Taxi Metropolitano (Setame).

Más atrás estuvo la gestión de Alfonso Barrantes Lingán, de quien más se recuerda el programa del Vaso de Leche. “Frejolito”, como le decían, también tuvo el mérito de no vivir de la política y hasta sus últimos años manejaba su modesto auto Volkswagen escarabajo celeste “más viejo que Matusalén”, como lo recordara alguna vez Alfredo Bryce, quien fue uno de sus grandes amigos.

Durante los próximos ocho meses, Lima tendrá un alcalde accesitario que será muy poco lo que pueda hacer. Ojalá el 2 de octubre los limeños elijan a un alcalde que verdaderamente valga la pena. Porque lo digo y escribo siempre lo firmo.

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