Opinión

Las prisiones en el Perú

Por: Víctor Andrés García Belaunde

Poco antes de concluir el virreinato, la cárcel de la calle Pescadería (hoy primera cuadra del jirón Carabaya) era uno de los lugares donde los reos se encontraban hacinados y no se mostraba interés por la vida de los presos. Antes de esta cárcel también funcionaba otra en los sótanos del Tribunal del Santo Oficio (Inquisición). El presidio de la calle Pescadería fue cerrado por el Libertador José de San Martín quien abolió los castigos físicos. Años después sobre los claustros del convento de San Buenaventura se crea la cárcel de Guadalupe, que funcionó hasta muy entrado el siglo XX y se ubicaba donde hoy está construido el Palacio de justicia.

Ramón Castilla envió a los EE. UU. a Mariano Felipe Paz Soldán quien trajo la idea de las prisiones con diseño de panóptico fue así como se construyó la Penitenciaría de Lima. La moderna cárcel se comenzó a construir el 31/1/1856 y empezó a brindar sus servicios el 23/7/1862. Este modelo fue también tomado por Colombia que por decreto de 22/1/1873 se autoriza la construcción de una penitenciaría panóptica. Colombia conservó la edificación y hoy es el Museo Nacional de Historia mientras que en el Perú se tiró abajo la penitenciaría durante el gobierno de Manuel Prado con su ministro de Justicia José Merino-Reyna Torres, cuando se le pudo dar un nuevo uso; además no se construyó una nueva cárcel y se trasladó a los presos a la carceleta del Palacio de Justicia y al penal El Sexto. A falta de un establecimiento penitenciario, se empezó la construcción de un nuevo penal en Lurigancho durante la primera administración del gobierno de Fernando Belaunde que fue abandonado por algunos años por el gobierno militar.

El terreno de la penitenciaría se entregó al Seguro Social como pago de la deuda del Estado peruano. Durante el gobierno “nacionalista” del general Juan Velasco Alvarado un sector del terreno se entregó a la International Telephone & Telegraph como pago por la expropiación que se hizo de la Compañía Peruana de Teléfonos; la ITT construyó allí el Hotel Sheraton que era parte de sus empresas. En 1917 el gobierno de José Pardo destinó la isla El Frontón como presidio para los delincuentes más peligrosos. El 28/5/1959 Fernando Belaunde fue arrestado en la pampa de Vitor por violencia y desacato al convocar un mitin para el 1 de junio en Arequipa en pleno estado de emergencia en protesta al régimen de Manuel Prado y por eso fue recluido en la isla El Frontón; el día 30 intentó escapar a nado para cumplir con su compromiso en Arequipa. El senador Miguel Dammert Muelle demoró en el rescate y la guardia republicana después de disparar contra Belaunde lo recaptura. Este incidente le permitió reflexionar sobre las condiciones de los presos en el Perú y escribió “En la Sorbona del Delito”, que es un capítulo de su libro “Pueblo por Pueblo”.

El penal El Sexto se construyó en 1904 y su naturaleza era la de un albergue para menores de edad, pero en 1920 el presidente Augusto B. Leguía lo transformó en una prisión que funcionó hasta 1985 en que fue cerrada después de la develación de un motín y no volvió a usarse con fines carcelarios. Y la colonia penal Agrícola Sepa, creada en el gobierno de Manuel Odría por Resolución Suprema No. 489 de 15/12/1949 fue cerrada en el gobierno de Alberto Fujimori en 1993.

En este breve recuento del sistema carcelario peruano hemos visto que las prisiones han sido construidas por mejorar las condiciones de los internos, más no para hacinarlos. Ahora ante el aumento de la delincuencia incrementada con la llegada de extranjeros que han visto en nuestras ciudades un excelente botín para sus actividades delictivas, no estaría mal reabrir el Frontón y también restablecer el penal de San Jorge para reos primarios. Todo esto sin que se deba dejar de construir otros penales que sirvan de reclusión a los sentenciados y obedeciendo a una estrategia integral de seguridad ciudadana.

(*) Abogado y excongresista.

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