Opinión

La sobreregulación electoral: ¿Cuándo las reglas complican la democracia?

Por: Rafael Velásquez Soriano

Las reglas son indispensables para garantizar procesos electorales transparentes, pero cuando se multiplican en exceso pueden generar el efecto contrario. Un sistema con demasiadas exigencias puede volverse complejo, lento y difícil de cumplir, lo que termina alejando a ciudadanos y organizaciones políticas. Regular es necesario, pero sobre regular puede convertirse en un obstáculo. 

Según el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), en los últimos procesos electorales se han incrementado los requisitos para la inscripción de partidos, listas y candidaturas, lo que ha derivado en la exclusión de diversas postulaciones por incumplimientos formales. Este escenario ha generado que más del 30 % de listas en algunos procesos enfrenten observaciones o tachas, lo que evidencia un sistema cada vez más exigente. La intención de estas normas suele ser positiva, porque buscan ordenar la competencia y evitar irregularidades. Sin embargo, cuando los requisitos se vuelven excesivos o poco claros, el proceso pierde accesibilidad y se vuelve más técnico que representativo. 

La política no debería convertirse en un espacio reservado solo para quienes dominan procedimientos complejos. Considero que uno de los principales riesgos de la sobrerregulación es que desplaza el enfoque desde las propuestas hacia el cumplimiento de requisitos. Los candidatos terminan invirtiendo más tiempo en aspectos formales que en el desarrollo de ideas, lo que empobrece el debate público y reduce la calidad de la competencia electoral. También es importante entender que este escenario puede afectar a organizaciones más pequeñas o emergentes, que no cuentan con los mismos recursos para cumplir con todas las exigencias. Esto genera un desequilibrio que limita la participación y reduce la diversidad de opciones políticas disponibles para el electorado.

El problema no es la existencia de reglas, sino su exceso y complejidad, porque cuando el sistema se vuelve difícil de entender, la ciudadanía se aleja. La democracia necesita normas claras, pero también accesibles, que permitan la participación sin generar barreras innecesarias.

Además, un entorno excesivamente regulado puede generar incertidumbre, ya que pequeños errores formales pueden tener consecuencias significativas como la exclusión de candidaturas. Esto afecta la previsibilidad del proceso y debilita la confianza en las instituciones electorales.

El desafío está en encontrar un equilibrio entre control y apertura, donde las reglas garanticen transparencia sin convertirse en un filtro excesivo. No se trata de reducir exigencias, sino de hacerlas razonables, claras y proporcionales al objetivo que buscan cumplir. Cuando las normas comienzan a dificultar más de lo que ordenan, el sistema pierde eficiencia. Porque una democracia sólida no solo necesita reglas, también necesita que esas reglas permitan participar, competir y elegir sin obstáculos innecesarios.

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

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