La frustrada transición y sus consecuencias nefastas

Por: Ángel Delgado Silva

De haberse ratificado el adelanto de las elecciones, para abril del 2024, muy probablemente –a un año de los comicios– todos los actores, tanto políticos como e institucionales, estarían imbuidos en el “modo electoral”. Los partidos existentes, buscando candidatos, mientras los nuevos, culminando su inscripción. Y las nuevas autoridades del sistema electoral (porque una coyuntura así, imposibilitaría el continuismo de los Salas Arenas y Corvetto), abocados febrilmente a la tarea de los preparativos pendientes. En tanto, la prensa se enfocaría en el recambio del poder, en marcha.

Por cierto, permanecerían los ingentes problemas del país. Tan lacerantes como siempre; provocando la consabida repulsa ciudadana. Mientras la estolidez de Boluarte y compañía, hace gala de la peor incapacidad. Sin embargo, por acercarse su final, al correr los días, se soportaría mejor angustia tensional que provoca. Es la esperanza amable que el futuro promete. Seguiríamos, sin duda, despotricando del oficialismo y el Congreso; pero a sabiendas que ya son trastos fantasmales.

¡Pero volvamos a la realidad! La ausencia de cancelación a la vista de la pesadilla castillista y que, en cierta forma, Boluarte prosigue, hace que la congoja abrumadora de hoy, se proyecte hacia el 2026 inexorablemente, Un horizonte de tortura y estulticia continuada, de dos años y medio. ¡Inaceptable!

El peligro de esta negra perspectiva radica en el agotamiento de la paciencia popular. Y que un estallido violento haga añicos este tinglado espurio, con todas derivas lamentables. Sería muy penoso; pero lo más grave será la posibilidad que el radicalismo izquierdista –derrotado el 7/12, aún dividido y desconcertado en los meses siguientes, vuelva a emerger triunfante en las elecciones que sucederán a aquella crisis desatada. Adelantado el calendario comicial, el extremismo en todas sus variantes, carecía de tiempo para recuperarse.

¡Demasiado cerca la debacle castillista, que la sucesora jamás remontará!

En cambio, para los demócratas, la renuncia al recorte de los mandatos presidencial y congresal acarrea el desgaste de aparecer sosteniendo a un régimen impopular. Por lo tanto, contra la ilusión de muchos, nada asegura que el período abierto favorezca al bloque republicano anti-totalitario. Ni tiempo para crear la alternativa unitaria anhelada ni prepararse mejor. Al contrario, la negativa a adelantar elecciones produjo ya un resquebrajamiento en su actuación común y una pesada acrimonia reinante, con tendencia a agudizarse. La mayoría congresal ha perdido rumbo y sensatez. Y podría dejar de serlo, en breve. Los mutuos reproches en torno a la designación del Defensor del Pueblo, lo confirman. En lugar de la convergencia democrática, se avizora una diáspora fatal y lamentable, que puede terminar entregándole el poder a los enemigos de la democracia. ¡Tanto nadar para morir en la playa!

(*) Analista político

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