La embajadora y el defensor

Por: Martín Valdivia Rodríguez

Ya casi por tradición, la izquierda siempre ha mirado con recelo a Estados Unidos. En su prédica antimperialista y anticapitalista, usan con frecuencia frases como “yankees go home” y “Latinoamérica no es el patio trasero de EE.UU.”. No es novedad que un político progre se despache con discursos antinorteamericanos. Lo que sí resulta muy raro es que políticos y simpatizantes de derecha critiquen, con un encono nunca antes visto —como está ocurriendo en las redes sociales— a la embajadora de Estados Unidos en Perú, Lisa Kenna, por haberse reunido con el defensor del Pueblo, Josué Gutiérrez. Siempre hubo cierto respeto por el representante de la diplomacia norteamericana. ¿Por qué ahora no?

En la insólita reacción se perciben principalmente dos componentes, uno político-ideológico y el otro racial. Era previsible que en los círculos liberales cause enojo el hecho de que la embajadora del país considerado como la meca del capitalismo se reúna con un funcionario peruano que políticamente proviene de las canteras de la izquierda. El otro argumento, como se puede notar en varios tuits racistas, es lo insólito que consideran ciertas personas que una gringa, nacida en Illinois, se junte con un peruano de piel cobriza, natural de Cerro de Pasco. Los ven como el agua y el aceite y les da cosa.

Con esta observación no pretendemos defender a Josué Gutiérrez, quien —por cierto— no nos parece que tenga la preparación y la experiencia necesarias —a estas alturas haber ser sido congresista no es tan meritorio que digamos— para desempeñar el cargo de defensor del Pueblo, pero no por eso vamos a quedarnos callarnos ante la curiosa repulsa que ha causado su reunión con la embajadora norteamericana.

Lisa Keena, quien publica una foto donde aparece junto a Josué Gutiérrez, es cuestionada por señalar que “todos, todas y todes tienen el derecho a libertades fundamentales” y por haberle expresado al defensor su “apoyo para la defensa de los derechos humanos y la democracia en el Perú”. Le dicen que “todes” no es una palabra que no existe en el idioma castellano. Otros le reprochan que se reúna con “cualquiera”.

Es cierto que la palabra “todes”, usada en el lenguaje inclusivo defendido por las izquierdas, no es considerada en la RAE, por lo que su rechazo es comprensible. Sin embargo, el evidente rencor en las palabras de rechazo denota que en el fondo hay un motivo de carácter político y racial. Y eso es muy peligroso en toda sociedad que se precie de civilizada. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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