Opinión

Invertir en la paz es educar para salvar vidas

Po: David Auris Villegas

Mientras muchos países se arman hasta los dientes, los niños, curiosamente, juegan juntos. Qué ironía de la vida. Para ayudar a entender este misterio, el 21 de setiembre, las Naciones Unidas y la UNESCO celebraron el Día Internacional de la Paz bajo el lema “Invertir en la paz para todos, en todas partes y todos los días”.

Paradójicamente, la humanidad sabe que enfrenta peligros que comprometen nuestro destino. Sin embargo, muchos países destinan astronómicos recursos a sus arsenales. Rusia probó el misil Burevestnik y el supertorpedo Poseidón, y Estados Unidos anuncia pruebas nucleares y superarmamentos en el espacio que ponen en riesgo la existencia.

Entonces, pensemos en el porvenir de toda la humanidad. En nuestras escuelas se educa y se siembra la paz en la mente de los niños como indica UNESCO, donde cabe esta pregunta: ¿No sería más inteligente invertir esos recursos que eduquen para la convivencia, sembrando en el niño una semilla de paz antes que una sombra de guerra que puede borrarnos de la faz de la tierra?

Precisamente, António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, nos recuerda que “la paz no se construye solo en las mesas de negociación, sino también en las aulas, los barrios y cualquier lugar donde las personas se reúnan con la mente y el corazón abiertos. Juntos, día a día, podemos construir un mundo más justo, con compasión, igualdad y dignidad para todos”. Estas ideas deberían convertirse en filosofía de las políticas educativas.

Por ello, estoy de acuerdo en que educar para la paz es el mejor negocio: significa formar personas capaces de escuchar, respetar al diferente, resolver conflictos a través del diálogo racional.

Asimismo, en la misma dirección, el papa León XIV nos invita a educar para la verdad, la justicia y la dignidad humana; promover el diálogo y valorar la diversidad; y poner la ciencia y la tecnología al servicio de la persona, el bien común y una cultura de paz.

Igualmente, Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, nos plantea estos derroteros: la paz nace de la justicia, la dignidad y el respeto a los derechos humanos; se construye con diálogo y diversidad, y exige vivir en armonía con la naturaleza.

Finalmente, frente al estruendo de las armas, apostemos por el arrullo de la paz en la escuela como el mejor negocio que asegurará nuestra supervivencia.

(*) David Auris Villegas. Experto en posicionar la marca personal en las redes digitales y editor de revistas universitarias y pedagógicas.

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