Opinión

Industria de defensa: urgente, estratégica y rentable

Por: Carlos Repetto Castro

Las recientes declaraciones del presidente de Colombia, Gustavo Petro, sugiriendo que la isla Santa Rosa de Loreto sería un territorio en disputa, desconocen el Tratado de Río de Janeiro de 1934 y deben preocuparnos. El Perú ha sido históricamente un país dialogante, respetuoso del derecho internacional, pero también debemos ser conscientes: un país sin una industria de defensa sólida está en clara desventaja ante tensiones diplomáticas o geopolíticas. La defensa nacional no puede seguir siendo vista como un gasto, sino como una inversión estratégica que genera empleo, innovación y desarrollo industrial.

Países como Corea del Sur, Turquía o Brasil apostaron por este camino y hoy cuentan con industrias tecnológicas avanzadas, exportadoras y generadoras de cientos de miles de empleos. Solo en Turquía, el sector defensa ha creado más de 80 mil empleos directos y unos 200 mil indirectos. En Corea del Sur, el impacto es aún mayor al estar integrado con su ecosistema tecnológico. En el caso peruano, se estima que una industria de defensa bien estructurada, con participación privada y reglas claras, podría generar entre tres a cuatro millones de empleos formales, desde la construcción de infraestructura hasta el desarrollo de proveedores en sectores como metalmecánica, electrónica, textil, logística, agroindustria, energía, entre otros. Pero para lograrlo necesitamos decisión política, un marco normativo atractivo y una visión de largo plazo.

La inversión privada debe ser bienvenida, con mecanismos de “salida estratégica del Estado” que permitan su retiro progresivo una vez que los proyectos despeguen, devolviendo el capital invertido con rentabilidad al fisco. Esto demostraría que la industria de defensa no solo es necesaria, sino también rentable y productiva. Además, debe haber inclusión social y transparencia. La ciudadanía debe entender que esta industria le traerá beneficios tangibles: empleo, seguridad, y desarrollo. No podemos repetir errores del pasado, donde proyectos mal ejecutados ahogaron buenas ideas. Como el fallido intento de asignar solo el 1% del IGV para una cuenta de jubilación —cuando la propuesta original era del 3%—, lo cual sí habría logrado impacto real incentivando la formalización, la emisión de boletas y la creación de pensiones dignas.

El Perú necesita defenderse, sí. Como escribió el autor romano Publio Flavio Vegencio Renato “Si quieres vivir en paz prepárate para la guerra”. Pero también necesita crecer, formalizarse y creer en sí mismo. La industria de defensa puede ser ese motor de transformación que nos hace falta.

(*) Ingeniero industrial, MBA en Finanzas, Doctorado en Desarrollo y Seguridad Estratégica. Email [email protected]

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