
La palabra “vacancia” se ha vuelto parte del día a día de los peruanos, como si fuera un episodio más en una larga novela política que parece no tener final. Y aunque muchos ya están cansados de escucharla, es imposible ignorarla. Cada vez que se menciona, el país entero se detiene, se polariza, se divide. Pero, ¿realmente entendemos qué hay detrás de este mecanismo? ¿Es una solución o apenas una muestra de que el sistema político peruano está roto?
La vacancia presidencial es un mecanismo constitucional previsto para casos extremos, como muerte, incapacidad permanente, renuncia o delitos graves. Sin embargo, en los últimos años, especialmente con la ambigua “incapacidad moral”, se ha convertido en una herramienta política para destituir presidentes sin pruebas sólidas, desvirtuando su carácter excepcional. Y eso es grave. Porque lo que debería ser una medida excepcional, se está usando como una estrategia más de poder.
Desde el 2016, Perú ha visto pasar a seis presidentes. Algunos por renuncia, otros por vacancia y otros por sucesión. ¿Quién puede gobernar con estabilidad en ese clima? ¿Cómo se puede pensar en el largo plazo si el sillón presidencial se ha vuelto una silla eléctrica? Esta inestabilidad no solo afecta a los políticos, también golpea a todos los ciudadanos. La inversión se frena, los proyectos se estancan y la confianza en las instituciones desaparece.
Pero no se trata solo de los presidentes. El Congreso también tiene su parte de culpa. Muchos congresistas usan la vacancia no por principios, sino por intereses. Negocian votos, arman alianzas momentáneas y luego vuelven al enfrentamiento. La lógica es clara: “si no gobierna mi grupo, entonces que nadie gobierne”. Y así, el país queda atrapado en un círculo vicioso.
Ahora bien, no se trata de defender a los presidentes a toda costa. Si alguien comete actos de corrupción o abusa del poder, debe responder. Pero las reglas del juego tienen que ser claras y justas. No puede ser que cada vez que el Congreso y el Ejecutivo no se entienden, se recurra a la vacancia como amenaza.
Lo que Perú necesita no es solo un presidente “fuerte” o un Congreso “valiente”. Necesitamos instituciones que funcionen, una reforma política de verdad, y ciudadanos que exijan más, pero que también participen más.
La vacancia presidencial no es el enemigo, pero tampoco es la solución. Es solo el reflejo de un sistema que hace tiempo pide a gritos una reforma.
Mientras no miremos el fondo del problema, seguiremos cambiando de presidente como si estuviéramos cambiando de canal, esperando que, por arte de magia, uno de ellos resuelva todo. Y así no funciona un país.
Es hora de reconstruir la política, desde abajo y entre todos. Porque si no, la vacancia no será el fin del problema. Será apenas el comienzo.
(*) Juez superior titular de la Corte Superior de Justicia de Ucayali.
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