
El 15 de julio, la presidenta electa Keiko Fujimori recibió sus credenciales como nueva mandataria del Perú y dio un mensaje al país en el que destacamos la frase: “He aprendido a pedir perdón, pero, sobre todo, a perdonar. Creo profundamente en la reconciliación. Pensar distinto no nos hace enemigos. La reconciliación nacional no significa olvidar nuestras diferencias, sino aprender a construir sobre aquello que nos une”.
A nuestro entender, este mensaje, hecho con la humildad que la caracteriza, no debe ser entendido como una línea de debilidad, porque se puede pedir perdón y perdonar, pero jamás se debe olvidar.
Sin ánimo de alentar revanchismos o venganzas por todo el daño que le hicieron por muchos años a la familia Fujimori, tenemos que decir que hoy más que nunca este acto de buena fe que le muestra al oponente debe ser llevando “una rama de olivo” en la mano derecha, pero en la izquierda tener un “puño de hierro” para firmar leyes o disposiciones duras cuando deba tomar decisiones para rescatar al país de las garras de quienes quieren dañarlo. De no hacerlo y caer en el “buenismo”, en lo “políticamente correcto” o en el “dejar pasar, dejar hacer”, solo promoverá que aquellos a quienes hoy extiende sus buenos deseos no tendrán escrúpulos para arrebatarle el poder, con brazos y todo, y de quitarle el país también. Mucho cuidado.
Es por ese motivo que no se debe caer en mirar la “reconciliación” como Jorge Nieto lo hace, que aprovechando la coyuntura pretende quedar bien con uno y otro lado, siendo ese “otro lado” la libertad de Pedro Castillo. La reconciliación debe ser entendida como un concepto más amplio y desde una visión en la que los cuatro principales actores, como son el Estado, el empresariado, la sociedad organizada (conocida como sociedad civil) y los ciudadanos, ayuden a enfrentar los verdaderos desafíos como son la seguridad y el fenómeno El Niño.
Se necesita tener visión estratégica y trabajar de manera audaz con el Congreso para superar el “poder de fuego” de los opositores y luchar decididamente contra las cuatro principales amenazas al país: el radicalismo de izquierda, el progresismo galopante (conocido como caviarada), el fenómeno criminal transnacional y la corrupción generalizada en el Estado. Emparejar el terreno político sin renunciar al orden, la justicia y la coherencia facilitará que todos los proyectos de desarrollo en ciernes se destraben.
Por otro lado, uno de los principales desafíos es conectar de manera eficaz con los 14 países que conforman hoy el Escudo de las Américas en el continente, en el que el liderazgo del presidente norteamericano Donald Trump será estratégico para el Perú, y debemos lograr tener un asiento en esta mesa y juntos combatir las principales amenazas que nos afectan a todos en el continente: el fenómeno criminal, la corrupción, la izquierda radical y el progresismo. De no hacerlo, quedaremos a merced, justamente, de aquellos que hoy quieren el poder para llevarnos al socialismo. De nosotros depende.
Reconciliación sí, pero con los 34 millones de peruanos que esperan un nuevo comienzo para marchar juntos hacia el futuro, y no la “reconciliación” del terrorismo, cuyo único propósito es liberar a Pedro Castillo y a los terroristas que aún están en la cárcel. ¡Vamos con todo!
(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein

