¿Está en riesgo la libertad en Perú? Una mirada más allá de las instituciones
Por: Alicia Barco Andrade

Cuando se habla del Perú, es casi inevitable caer en el diagnóstico de la crisis institucional. La inestabilidad política, la corrupción endémica y la debilidad de las instituciones democráticas son los pilares de un relato que, si bien es cierto, a veces nos impide ver el panorama completo. Reducir el riesgo del Perú a un problema únicamente institucional es quedarse en la superficie. El verdadero peligro, la amenaza más sutil y profunda, no está en los despachos de palacio, sino en el tejido social mismo. La libertad, en el sentido más amplio, está en riesgo.
No me refiero solo a la libertad de expresión o a la libertad de prensa, derechos que, a pesar de los intentos de amedrentamiento, se mantienen relativamente sólidos. El riesgo es más fundamental. Es el asedio a la libertad económica que se manifiesta en la informalidad rampante, en la falta de oportunidades para miles de jóvenes que no encuentran un camino en la estructura formal. Es la desesperanza que empuja a muchos a la migración, la sensación de que el país no les ofrece un futuro. Cuando la gente no puede construir una vida digna, su capacidad para ejercer otras libertades se ve disminuida.
A esto se suma la creciente polarización social. Las fracturas no son solo políticas, son sociales y económicas. La falta de un diálogo constructivo y el uso constante de discursos de odio debilitan la confianza entre ciudadanos. En un ambiente donde el “otro” es visto como un enemigo, la libertad de pensamiento se reduce a la adhesión a un bando, y la tolerancia se convierte en un lujo. Un país dividido no puede construir consensos ni avanzar, y en esa parálisis, la libertad de todos está amenazada.
Por último, la inseguridad ciudadana es un riesgo palpable para la libertad. Cuando el miedo a la delincuencia limita la capacidad de las personas para moverse libremente, para emprender un negocio o simplemente para vivir en paz, su libertad se ve directamente afectada. La incapacidad del Estado para garantizar la seguridad no solo es un problema de orden público, es una erosión constante de los derechos más básicos.
En conclusión, la crisis institucional es un síntoma, no la enfermedad. Es la falta de un proyecto de país, la desconfianza generalizada y la erosión de los valores cívicos lo que realmente pone en jaque la libertad del Perú. Es un riesgo que se manifiesta en lo cotidiano, en la desesperanza de la gente común, en la desarticulación de la sociedad. Para proteger la libertad, no basta con fortalecer las instituciones, es necesario reconstruir el tejido social, generar oportunidades y devolverle a la gente la esperanza en un futuro mejor. Esa es la verdadera tarea pendiente.
(*) Comunicadora digital, filósofa, periodista colegiada, docente, empresaria, estratega, mujer del siglo XXI.
